Pese a prodigarse poco en sus apariciones y escatimar contactos con los medios
informativos, la presidenta del Partido Popular de Castilla-La Mancha y
candidata a la Presidencia de la Junta de Comunidades, María Dolores de
Cospedal, está dejando muy claro uno de los postulados de su campaña
contra el Gobierno socialista de la región. A Cospedal le
parece relevante denunciar ante la opinión pública que el PSOE lleva demasiados
años en el Gobierno castellano-manchego, que ha creado un régimen político y que
eso ha dado como consecuencia la falta de libertades en la Comunidad, sobre todo
las relativas a la expresión.
Este planteamiento le ha llevado a declarar
públicamente que se propone "recuperar la voz del pueblo", que considera perdida
después de veinticinco años de gobierno socialista, lo cual no deja de ser una
interesante tarea si se acepta que el diagnóstico es acertado.
Aparte de
la singularidad que supone escuchar el término "pueblo" en boca de un dirigente
del centro derecha, liberal para más señas si nos atenemos a su relación de
proximidad con la presidenta de la Comunidad de Madrid, hay que subrayar que la
candidata regional del PP tiene gran parte de razón, aunque en las encuestas
ciudadanas sobre los principales problemas de la región no aparezca ni por asomo
la cuestión de la libertad de expresión o lo de la voz del pueblo
amordazada.
Es cierto que la perduración en el gobierno de un partido
político un cuarto de siglo consecutivo es poco recomendable para la higiene
democrática de la sociedad que dirige. Y es cierto igualmente que tantos años
ejerciendo el poder da origen a que la estructura política y social que vertebra
la Comunidad esté en manos absolutamente del que lo detenta.
En
Castilla-La Mancha esta situación es demasiado evidente y se refleja, además de
en la propia asamblea legislativa, en el comportamiento de las organizaciones
representativas de los empresarios, de los sindicatos, de los consumidores, de
las asociaciones agrarias, de los grupos ciudadanos organizados y de los medios
de comunicación, sobre todo de los públicos, que actúan con el mayor descaro y
sin respetar ni una sola de las reglas de objetividad y equilibrio informativo
que debe inspirar su funcionamiento.
Por eso las lamentaciones de
Cospedal están plenamente justificadas, aunque nos tememos que
el discurso de liberar al pueblo de una cadenas tan sutiles como las que se
ejercen sobre las libertades públicas es en estos tiempos algo inútil,
desgraciadamente. Es de agradecer que Cospedal se empeñe en
este noble fin que suponemos tendrá continuación en el futuro con la denuncia de
los casos concretos en los que se cercenan las libertades de los
castellano-manchegos y de aquellos que contribuyen a tan indigna tarea. Así sea.  |