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ARTÍCULO

Caducidad del trasvase, Andalucía, Realidad Nacional... ¡y olé! |
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| Las dos grandes facciones de la política -¿española?- parece que se han puesto de acuerdo, por fin, en algo. ¡Albricias! |
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| RICARDO SÁNCHEZ CANDELAS |
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30/10/2006 .
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Las dos grandes facciones de la política –¿española?–, PP y PSOE, parece que se
han puesto de acuerdo, ¡por fin!, en algo. ¡Albricias! Han definido a Andalucía,
en su estatuto reformado, como realidad nacional. Tal vez fruto de mi escasa
cultura olvidada o de mi torpeza, no lo entiendo muy bien, y no sé por qué me ha
venido a recordar algo parecido a lo de la famosa unidad de destino en lo
universal con que la voluntariosa intelectualidad de la Falange vino en su
momento a definir España.
Cosa curiosa ésta que nos está sucediendo en
estas calendas revisionistas e iconoclastas de la ZaPatiesta nacional. Ahora que
nadie sabe o nadie se atreve a definir a España, se atreve a definir sus partes.
Con perdón. Es como si la ignorancia de lo grande nos hubiese estimulado la
sabiduría de lo pequeño, o como si el riesgo de decir una sandez por intentar
definir el todo sin ofender a las partes fuese mayor, o distinto, que el de
definir las partes por no querer ofender al todo. Milagros de la política en
estos escarceos intelectuales del comienzo del milenio. Así es que, fruto de esa
lucidez mental, ahí tenemos la andalucísima realidad nacional.
Bien es
verdad que la reforma de ese estatuto, y la consiguiente nueva definición de la
identidad andaluza, se había constituido en un clamor popular en todas las
poblaciones de esas provincias sureñas que venía quitando el sueño a todos los
habitantes de esa noble tierra. Manifestaciones supermillonarias en todas las
capitales que ríase usted de las concentraciones multitudinarias de El Rocío,
amenazas de suspender la feria de abril y quemar la Plaza de toros de La
Maestranza si no se aprobaba el ansiado nuevo estatuto, plante con la misma
reivindicación de cofrades y costaleros de la Semana Santa de todas las
capitales, anuncio sindical de huelgas salvajes en todas las bodegas de Jerez y
su comarca por el mismo motivo y hasta absentismo masivo de palmeros, cantaores
y guitarristas en todos los tablaos flamencos de la amplia geografía andalusí ,
han venido siendo tan insoportable carga de presión popular sobre la clase
política dirigente andaluza para lograr la reforma estatutaria y el
reconocimiento de la realidad nacional, que hasta el propio Presidente
Chaves, en unas recientes declaraciones –al Washington
Post creo que ha sido– ha dicho que es que no se pué
aguantá.
Si hubiera que encontrar algún parecido con tal fervor
popular por la reforma estatutaria, sólo podría encontrarse en el que se está
produciendo entre los ciudadanos y ciudadanas de Castilla-La Mancha. Aquí, con
un dramatismo castellano más acorde con nuestra idiosincrasia regional –digo…
nacional– algún medio de comunicación no ha tenido más remedio que hacerse eco
de la noticia de que ya se han anunciado varios suicidios si no se aprueba un
nuevo estatuto que nos reconozca como realidad, entidad, cooperativa, comunidad
de bienes, sociedad anónima, cosa autónoma o lo que sea… nacional. Las pintadas
grafiteras con sus cretinos mensajes ilegibles que, en exaltación inefable de la
cultura popular contamina de mierda nuestras ciudades, y que llenaban las
fachadas de plazas y calles de Toledo, han sido sustituidas por otras del
siguiente tenor: "Estatuto o muerte", "Reforma del Estatuto, ya", "Castilla está
de luto si no tiene Estatuto". Y cosas así. Nada de extrañar cuando un
determinado personaje de la vida vecinal, o sea, sociopolítica, de la ciudad de
Toledo, en un reciente reportaje de El Mundo en el que se trataba del
conflicto entre arqueología y urbanización en la Vega Baja, decía, sin que le
temblara el bigote al muchacho, que no se recordaba en Toledo un clamor
semejante contra el proyecto urbanístico desde los tiempos de
Padilla, Bravo y Maldonado.
¡Toma ya y échale guindas al pavo! O sea, que en lo del fervor por la reforma
estatutaria, no se crea que exageramos.
Pero en esto del nuevo estatuto,
nosotros estamos con la cosa del agua. O sea, el asunto de la caducidad. ¡Menudo
invento! Es la palabra de moda. Y lo malo es que la matraca nos va a durar, por
lo visto, hasta el 2015. Yo no sé si aguantaremos hasta esa lejana fecha
dándonos todo el santo día la barrila con la famosa palabreja sin tener que
terminar recluidos en un frenopático. Para empezar, yo creo que, a partir de
ahora, el agua que se mande a Murcia se debía enviar en garrafas, como si fuera
Solan de Cabras, bien marcada en cada envase la famosa fecha, para que se vayan
enterando y no se hagan ilusiones.
Como en serio ya he dicho, no hace
muchos días y en estas mismas páginas digitales, parte de lo que tenía que decir
al respecto, me puedo permitir ya hoy seguir un poquito más con esta amable
rechifla que no pretende ofender más de lo necesario. Y así, decir que la ya
anunciada fecha del 2015 como año del finibusaquae, debía haber sido consultada
con la población de batracios de las extenuadas riberas de Entrepeñas y Buendía,
que a las pobres ranas les acaban de dar otro susto con el nuevo trasvase
aprobado por el Consejo de Ministros. Aunque, ¡llevan ya tantos las desdichadas!
Es que no ganan para sustos.
Aquí alguien debe estar temblando en cuanto
vea aparecer una nube por el horizonte, y las cuatro gotillas que lluevan para
superar en un solo milímetro los fatídicos 240 hectómetros cúbicos marcados como
mínimos para poder trasvasar, inmediatamente reclamado por los aguadictos del
Marina d´Or y demás excesos hidráulicos, a alguno le van a terminar pareciendo
gotas de aguarrás, porque se les puede ir al traste la caducicosa. Pero lo
cierto es que a las pobres ranas, que son, junto con la pertinaz sequía que
decía el otro, las que de verdad han marcado la fecha de caducidad, nadie les ha
consultado si tiene que ser el 2015 o el… dos mil y pico, vaya usted a saber,
que como nos cuenta la fábula de Esopo, ellas han sido siempre
un colectivo muy democrático, y en democrático ejercicio pidieron a Zeus que les
mandara un rey que les redimiera de su anarquía. Si hoy se lo volvieran a pedir,
el bueno de Zeus seguro que les mandaría al señor Rodríguez
Zapatero, no como rey, naturalmente, sino como presidente de la
república. Una república de ranas.
Yo propondría que al nuevo estatuto
que, con tanta ansiedad espera la población de esta nación – bueno, o lo que sea
– se le conociera como el Estatuto de las Ranas. El principal de sus inventos,
su capítulo estrella, va a ser el de la célebre cosa esa de la caducidad, según
acuerdo unánime de las dos facciones que viven del negocio. Y por cierto, ¿por
qué no se ponen algunos eternos beneficiarios de esas dos respectivas facciones
políticas, ellos tan caduciadictos ahora, su propia fecha de caducidad en sus
poltronas y en sus coches oficiales? ¿No había prometido el mandamás, el
madrileño candidatus interruptus, hace ya algunos años, algo al respecto? Me
suena que sí. ¿No podría llamarse algo así como Ley de la Fecha de Caducidad de
los Chollos y Bicocas?
No, claro, no, que ellos siguen con su meneíto,
que no se pare la cosa, que no deje de crecer la cuenta corriente, que se sigan
trasvasando caudales a sus bolsillos desde el Entrepeñas y Buendía de los
Presupuestos públicos. Que eso sí que es un trasvase. Ahora toca Reforma del
Estatuto, que la calle es un clamor. Y a seguir tirando otros añitos. Que no
decaiga. Ya veremos si, por no perder comba con los andaluces, los de la
realidad nacional, lo nuestro se llama nación real, unidad de destino en lo
planetario o galaxia-nación metahistórica. Algo sencillito. Y si tiene un guión
entre medias, mejor que mejor, que así, todo seguido, de un tirón, nos cuesta
más entenderlo. ¿No ven ustedes lo bien que quedó eso de Castilla-guión-La
Mancha?
Pero, eso sí, si nos tienen que definir, que nos definan pronto,
porque yo atravieso una crisis de identidad que me tiene de los nervios.  |
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