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Baroja o el miedo: Eduardo Gil Bera |
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He tardado más de diez años en leer esta obra de Eduardo Gil
Bera, publicada por Península en al año 2001, y subtitulada como
"biografía no autorizada" porque sabía que me enfrentaba a una implacable obra
en contra de Pío Baroja sin ningún resquicio a su favor. La
verdad es que no me apetecía demasiado cooperar con un proceso en contra de uno
de mis autores favoritos, sin embargo, la oportunidad de encontrar la obra a un
precio de ganga en una librería de internet me ha puesto en faena, algo de lo
que ni mucho menos me arrepiento. Todo lo contrario, porque la de
Eduardo Gil Bera es ante todo una obra sumamente divertida que
rezuma humor, aunque a veces la sonrisa venga forzada por por la "pasada" del
autor a todo lo que huela a Baroja y a los
Baroja.
Uno, la verdad, ya sabía que
Baroja, ni como hombre ni como escritor, puede ser tomado como
un modelo de coherencia y respeto a lo que él mismo tantas veces predica. No
hace falta haberle leído a fondo para constatar el cúmulo de contradicciones,
vueltas y revueltas que contiene su vida y su obra. Hoy dice blanco y refunfuña
contra lo negro y perfectamente mañana puede estar manteniendo todo lo
contrario. Su misoginia, antisemitismo, anticomunismo… y tantas fobias más de
viejo cascarrabias, son algo patente y que no necesita de ningún libro para
mostrarlo, aunque sea un libro tan inteligente, mordaz, divertido y de tanta
mala leche contra todos los Baroja como este de Gil
Bera. Uno, la verdad, ha pasado muy buenos ratos con Gil
Bera echando las cuentas a Baroja, rastreando su paso
por las notarías o huyendo como el gato escaldado de cualquier cosa que oliera a
compromiso y buscando en cualquier afirmación la constatación de que era
justamente lo contrario lo que en realidad defendía. Me temo que si Gil
Bera cae encima de cualquiera el revolcón estaría
asegurado.
Andrés Trapiello en el último libro comentado
aquí tiene un artículo magistral dedicado a este libro de Gil
Bera con el título de "Barojicidio" que sin ninguna duda es lo mejor
que he leído sobre él. Está claro que el autor ha debido ser un barojiano
fanático porque es imposible conocer tan bien a un autor sin haberle leído con
la intensidad que demuestra el conocimiento de toda su obra. Lo que se hace un
poco cuesta arriba es que un lector tan perspicaz y rendido, como en algún
momento debió ser Gil Bera, sea incapaz de reconocer al menos
una sola virtud en la obra de Don Pío. Nada, ni Santi
Andía, ni La busca ni las memorias Desde la última vuelta del
camino, nada, todo una obra montada sobre la falsedad y la mentira y el
infinito miedo que guió su vida. Tantos miles de lectores errados, engañados y
equivocados por Baroja…
Menos mal que, como decía, el
humor de Gil Bera salva todo lo demás.  |
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