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MÁS QUE PALABRAS

Exceso policial y verbal |
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Ver a la Policía cargando contra jóvenes adolescentes es un espectáculo
lamentable, que no nos gusta a nadie. Oír al jefe policial afirmar que "no es
prudente revelar al enemigo cuales son mis fuerzas" -tratando el asunto como si
se tratara de un batalla militar- es un despropósito de tal calibre que
merecería el cese fulminante del autor y oír al líder de los estudiantes
anunciar que "vamos a quemar las calles de Valencia", descalifica cualquier
argumentación por lógica que sea.
Lo que comenzó hace una semana con una
simple protesta estudiantil por los recortes en el Instituto Luis Vives de
Valencia, ha degenerado en una batalla campal injustificable, que puede darnos
la medida del profundo malestar social que se vive en la España de los cinco
millones y medio de parados. El problema no es solo que el asunto se haya
gestionado mal, muy mal, sino que algunos han aprovechado que el río esta
revuelto para hacer su pequeña ganancia de pescadores.
En este país
existe el derecho constitucional de manifestación y cualquiera puede acogerse al
mismo, sin necesidad de convertir la reivindicación en violencia, ni de dar
argumentos para que otros enciendan mechas innecesarias. Que una actuación
policial sea contundente no significa que sea imprudente y eso es lo que ha
ocurrido estos días. La dureza de los enfrentamientos entre policías y
manifestantes se incrementó y magnificó, sin duda, al tratarse de menores,
acompañados de sus padres y profesores aunque también hubiera mucho "talludito
antisistema infiltrado". Ver la imagen de esa chica, casi una niña, que al ser
introducida en el furgón policial pedía por favor que avisaran a su madre que
estaba en los alrededores para que la acompañara a comisaría, podría ser la
metáfora perfecta de lo que hemos visto allí.
Por supuesto que la Policía
debe cumplir con sus órdenes y también con su obligación. Debe impedir que se
lancen piedras, se quemen contenedores o se destroce el mobiliario urbano, pero
eso es una cosa y otra muy distinta que la situación se les vaya de las manos...
El orden público se puede garantizar con firmeza, pero sin excesos ni
estridencias porque si no el efecto es justo el contrario.
Además sería
muy de desear que se evitaran otro tipo de excesos incluidos los políticos y
periodísticos. Una colega de El País comparaba lo ocurrido en Valencia
con la primavera de Praga, ¡qué barbaridad!, y un destacado dirigente socialista
tuvo que admitir que se había colado y tuvo que darse "un puntito en la
boca" porque tras criticar duramente a la Policía del PP le advirtieron
de que el jefe de la policía de Valencia -el de la incontinencia verbal que
vio enemigos por todos lados- fue uno de los nombramientos de
Rubalcaba. ¡Así es la vida!  |
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