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 BLOG DE LECTURAS PEDRO A. LÓPEZ GAYARRE 

"Beaumarchais en Sevilla", de Hugh Thomas

10/12/2016 . Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a del.icio.usAñadir a YahooRSS
Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais
Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais (París, 1732-1799), relojero e inventor del “escape” del reloj, alcanzó un notable éxito en la corte de Luis XV, donde ejerció entre otros títulos de Controleur clerc d´office de la maison del rey, maestro de música de las princesas de Francia, Chevet du roi, Teniente General de chasses au bailliage, Capitán General de Varennes du Louvre… El financiero Joseph Pâris-Duverney le hizo su protegido, como el hijo que nunca tuvo, fascinado por la personalidad que describe Maurice Lever, uno de sus últimos biógrafos: "Audacia, afición al riesgo, espíritu emprendedor, inteligencia política, don de gentes, una inquebrantable confianza en sí mismo y, ante todo, un apetito de riqueza que ni siquiera intenta disimular". Una personalidad, cuya brillantez exterior parece corroborar el retrato realizado por Jean-Marc Nattier y conservado en la biblioteca de la Comédie Française de París, que casi siempre aparece como su imagen más conocida. Pero, ante todo, Beaumarchais es el autor de "El barbero de Sevilla" y "Las bodas de Fígaro", dos comedias que forman una trilogía junto a la menos conocida "La madre culpable", ambientadas en la Sevilla a la que nunca viajó y que refrendarían su éxito inicial sobre las tablas con las óperas de Rossini y Mozart basadas en ellas, aparte de ser consideradas como una de las primeras denuncias artísticas de las desigualdades del Antiguo Régimen que quebraría en 1789.

Sin embargo, Beaumarchais sí estuvo en España. Dos de sus hermanas, Marie Josèphe, luego pintora, casada con Louis Guilbert, y Marie-Louise “Lisette”, de 17 años, vinieron a vivir a Madrid en 1748 gracias a lo que Hugh Thomas califica como “una extraña propuesta” de uno de los agentes más ricos del negocio de relojería de los Caron: “Deme a dos de sus hijas para que se vengan a Madrid. Pueden establecerse allí conmigo, que soy mozo viejo y sin familia. Ellas alegrarán mi vejez y herederán el establecimiento comercial más valioso de España”. Efectivamente, a los dos años, el “mozo viejo” murió y “Las Caronas”, como eran conocidas en Madrid, heredaron un negocio que mantuvieron con dignidad. En 1760, Marie-Josèphe tenía cierto prestigio como pintora, hasta el punto de entrar en la nueva Academia de San Fernando, donde retrató a su director. Todo marchaba con la normalidad en sus vidas hasta que se cruzó en ellas el ilustrado canario José Clavijo y Fajardo, oficial del Archivo del Estado y promotor editor del semanario "El Pensador", a imitación de "The Spectator" londinense, autor de una Guía del perfecto viajero y una obra de teatro, "La feria de Valdemoro", con unas promesas de matrimonio hacia Lisette que resultaron incumplidas. Era uno de esos casos de “fiancé manqué” común en la época y que se consideraba como una grave ofensa a reparar. Recuerde el lector que esos casos de promesas y garantías incumplidas se cruzan continuamente unos siglos antes en la vida familiar de nuestro Miguel de Cervantes y sus “Cervantas”.

En febrero de 1764 Marie-Josèphe escribía a su padre: “Mi hermana [Lisette] acaba de ser ultrajada por un hombre tan acreditado como peligroso. Por dos veces, a punto de casarse con ella, ha faltado a su palabra y se ha retirado bruscamente sin siquiera dignarse explicar su conducta…”

Realizadas las preceptivas consultas en la Corte, Beaumarchais viajará a España para enderezar el entuerto, con la promesa firme de una de sus alumnas regias de que “no le faltará ayuda si su conducta es razonable” lo que significaba la ayuda del gobierno francés y de su embajador en España. Pero, además, había que aprovechar el viaje y, en aquellos momentos, España era para su protector, el financiero Pâris-Duverney, un país de oportunidades, que veía en el asiento para la trata de esclavos, el comercio en monopolio con la Luisiana (cedida por Francia a España en secreto en 1762), el contrato de aprovisionamiento del ejército español y la colonización de Sierra Morena, cuatro buenos negocios con posibilidades de éxito en la corte de Carlos III. El mismo Pâris-Duverney pagará sus gastos de viaje. Además, Caron padre le encargará cobrar alguno de los relojes que buena parte de la aristocracia española se había hecho fabricar en su establecimiento, siguiendo la moda francesa, y estaban pendientes de pago.

En mayo de 1764 Beaumarchais estaba en Madrid. En aquellos momentos, en la Corte de Carlos III, las cuatro grandes figuras al frente de la Administración son Jerónimo Grimaldi, ministro de Estado; Leopoldo de Gregorio, marqués de Squillace (Esquilache a la española), ministro de Hacienda; y Julian Arriaga, ministro de Marina que controlaba las posesiones americanas. De todos ellos, Beaumarchais nos ha dejado retratos valiosos, por ser de primera mano, pero sesgados en sus juicios según le fueron los negocios con ellos. Aún no habían alcanzado los primeros puestos de gobierno Floridablanca, Aranda, Campomanes o Jovellanos, representantes del progresismo enciclopedista del “siglo de las luces”.

La estancia en Madrid, finalizada en marzo de 1865, que incluyó lógicamente su paso por los diversos sitios reales por los que se desplazaba la Corte cada año, no tuvo éxito en ninguno de los objetivos, familiares, económicos ni políticos con que se había planteado el viaje. Sin embargo, como nos cuenta Hugh Thomas, la gente que aquí conoció y los avatares, no exentos de intrigas, como el intento de colar una Mata Hari a la alcoba del propio rey, proporcionarían abundante material, sobre todo humano, para sus obras. Fígaro, Almaviva, Rosina, don Bartolo, Susana, tenían sus modelos reales en el Madrid de Beaumarchais y Thomas en este “intermezzo”, lo narra con amenidad plagada de erudición, que nunca está de más cuando se realiza desde la humildad y la buena escritura.

Hugh Thomas. Beaumarchais en Sevilla. Intermezzo. Traducción de Eva Rodríguez Halffter. Ed. Planeta, 2008. 204 páginas. Biblioteca Municipal José Hierro de Talavera de la Reina.
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