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 BLOG DE LECTURAS PEDRO A. LÓPEZ GAYARRE 

Bruce Springsteen se confiesa. Born to run.

07/01/2017 . Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a del.icio.usAñadir a YahooRSS
Bruce Springsteen.
Alguien decía que la mayor aportación de Sigmund Freud no había sido al campo de las Ciencias o de la Psiquiatría, sino al de la literatura. Psicoanálisis y literatura autobiográfica no siempre mezclan bien de cara al lector, pero casi siempre resultan entretenidas para el protagonista paciente que se escribe a sí mismo. Cuando hay talento literario detrás casi siempre sale algo interesante. Si además el que nos revela su autoanálisis con un repaso a toda su vida es alguien como Bruce Springsteen el éxito está asegurado. Y si no repasen la repercusión que en la prensa tuvo la presentación de esta autobiografía que mantiene su título original Born to run cuando el autor reveló su particular “perro negro”, que decía Churchill. A todo ello se añade una personalidad con un alto grado de sentido crítico hacia sí mismo, como su continua capacidad para reinventarse a través de su larga carrera musical demuestra.

“Tras la gira con The River, y la silenciosa quietud de Nebraska… La vida siguió. Me distancié de mi encantadora novia de veinte años e hice las maletas para emprender un viaje a través del país. Recientemente había adquirido una pequeña casa de campo en las colinas de Hollywood y me propuse pasar el invierno en el oeste, bajo el sol californiano. Este es el viaje en el que la ambivalencia, la angustia y la confusión tóxica que llevaba treinta y dos años burbujeando de forma volcánica  alcanzarían finalmente la masa crítica…" (Página 337)

El viaje, en “un Ford XL del 69 con un techo descapotable blanco, largo como un Cadillac y de color verdemar “, con su amigo Matt Delia, tiene su final en el sofá de su nueva casa: “Me tiro en el  sofá que he adquirido recientemente (junto con todos los demás trastos de mobiliario en este cuchitril, comprados compulsivamente en dos horas en el centro comercial más cercano), exhausto existencialmente, mi fuente emocional de trucos desecada. No hay  gira tras la que esconderme, ni música que me “salve”. Estoy frente al muro al que llevo aproximándome lentamente".  (Página 344)

“Pasé el invierno en California, y luego regresé a Nueva Jersey. Me recomendaron a un tal doctor Wayne Myers, un hombre entrañable de voz suave y sonrisa fácil, que tenía consulta en Nueva York. Y a lo largo de muchos encuentros y llamadas de larga distancia durante los siguientes veinticinco años, el doctor Myers y yo luchamos juntos contra muchos demonios hasta su fallecimiento en 2008. Cuando me encontraba en la ciudad, nos sentábamos cara a cara, miraba a sus comprensivos ojos y, de forma paciente y esforzada, íbamos cosechando una buena serie de triunfos, junto a algunos persistentes fracasos. Conseguimos aminorar la marcha de esa noria en la que yo daba vueltas corriendo sin lograr detenerla del todo. En la oficina del doctor Myers se inició una nueva odisea; sus conocimientos, junto con su corazón compasivo, me guiaron en la búsqueda de la fuerza y la libertad que necesitaba para amar a las cosas y ser amado…  Los resultados de mi trabajo con el doctor Myers y mi deuda con él habitan en el corazón de este libro". (Páginas 347-348) 

Un trabajo que tras la muerte de su analista se ha redoblado: “La tristeza se abalanza sobre ti por sorpresa. Llega arrastrándose. Poco después de cumplir los sesenta, caí en una depresión como no había experimentado desde aquella polvorienta noche en Texas treinta años atrás. Me duró año y medio y me dejó destrozado. Cuando me asaltan tales estados de ánimo, generalmente pocos se dan cuenta –ni el señor Landau, ni nadie que trabaje conmigo en el estudio, ni la banda, el público nunca, y espero que tampoco los niños-, pero Patti si observa que se acerca un tren de mercancías cargado de nitroglicerina y a punto de descarrilar. Durante esos periodos puedo ser cruel: huyo, disimulo, esquivo, tramo, desaparezco, regreso, raramente pido perdón, y mientras tanto Patti defiende el fuerte mientras yo intennto incendiarlo. Ella me frena. Me lleva al médico y dice: “Este hombre necesita una pastilla”. La necesito. He estado tomando antidepresivos durante los últimos doce o quince años, y en menor medida pero con el mismo efecto que tuvieron con mi padre, me han proporcionado una vida que no hubiese podido mantener sin ellos. Funcionan. Vuelvo a la Tierra, al hogar, a mi familia. Lo peor de mi comportamiento destructivo se reprime y regresa mi humanidad. Estuve mal de los sesenta a los sesenta y dos, luego bien durante un año, y desaparecí de nuevo de los sesenta y tres a los sesenta y cuatro. No es una buena marca.” (Páginas 536-537. De cero a sesenta en un suspiro)

Pero además de estas confesiones que suelen a terapia mediante la escritura, el repaso que hace a toda su vida y su carrera musical suena siempre de una manera auténtica y personal. Detrás del artistas no hay otro secreto del de un muchacho de barrio que quiso y se empeñó en ser músico, aunque confiese que es incapaz de leer una partitura y siempre puso la música por encima de cualquier otra cosa. El repaso que hace a la creación de todos sus discos revela un artista nunca satisfecho con su última creación y que es consciente que en la próxima tendrá que volver a reinventarse.

En cuanto a la escritura de esta confesión autobiográfica el compositor de canciones parece cómodo en un género que al fin y al cabo a impregnado toda su obra:

 “La mayor parte de mi escritura es emocionalmente autobiográfica. He aprendido  que debes expresar las cosas que significan algo para ti si quieres que signifiquen algo para el público.”

Un lugar importante en todos  sus primeros discos, como bien saben sus seguidores, es la controvertida figura de su padre con el que siempre estuvo enfrentado, al contrario de lo que ocurría  con su madre, pero con el que acaba compartiendo algo de esa herencia interior desatadora de tormentas.

“Mi padre llegó a explicarme que las canciones de amor que sonaban en la radio eran parte de un plan gubernamental para que te casaras y pagaras impuestos”. (Página 51) Los diez últimos años le habían diagnosticado esquizofrenia paranoide. Muerto en 1998. Una personalidad bipolar y un trastorno maniaco depresivo.( Capítulo sesenta y uno dedicado al padre: “Hombre del oeste”)

Una relación paterna con final tan feliz, como pueden ser las cosas entre padres e hijos:

“En los días previos a que yo fuese padre, mi viejo se presentó en mi puerta en mi casa de Los Ángeles… …De pronto me dijo:

-Bruce, has sido muy bueno con nosotros.

Reconocí que así había sido. Pausa. Sus ojos se perdieron en la bruma sobre Los Ángeles. Continuó:

-… Y yo no fui demasiado bueno contigo…

Nos quedamos ambos en silencio.

-Lo hiciste lo mejor que pudiste –le dije.

Ya estaba. Eso era todo a lo que yo aspiraba, todo lo necesario. Aquel día fui bendecido, mi padre me regaló algo que yo pensaba que jamás vería en la vida: un reconocimiento de la verdad…” (Páginas 455-456)

Una pequeña muestra de la forma en que analiza su música:

Con su segundo grupo, Steel Mill, tras la experiencia de Los Castilles, define su música: “Música contundente y proletaria, con guitarras a todo volumen y un  sonido influenciado por el rock sureño. Si mezclabas todo eso con un poco de rock progresivo y canciones propias tenías Steel Mill… ya sabes, steel mil como Led Zepelin… rock primario a pecho descubierto, básicamente metálico.

El primer disco en 1973, Greeting from Asbury Park N.J.: “La mayoría de las canciones eran autobiográficas deformadas… germinaron a partir de personas, lugares, garitos e incidentes, que yo había visto y vivido. Las escribí de forma impresionista, cambiando los nombres para proteger a los implicados. Y trabajé para encontrar algo que se identificara conmigo.”

Jon Landau: “Además de con mi esposa Patti, mi banda y unos pocos amigos íntimos, con Jon he compartido mi mente y mi espíritu más que con cualquier otro.

Como final, dos breves párrafos que lo definen como hombre y artista.

“Soy uno de los pocos artistas de aquella época que es propietario de todo lo que ha creado. Todos mis discos son míos. Todas mis canciones son mías. Es algo raro y sienta bien.”

“La democracia en un grupo, con muy pocas excepciones, suele convertirse en una bomba de relojería.”

Imprescindible para conocer a un músico, cuya obra traspasa el mundo de la música y define  una época. Si los editores hubieran añadido una cronología y la reseña de toda su discografía sería un libro más que redondo.

Bruce Springsteen. Born to run. Traducción de Ignacio Juliá. Ed. Literatura Random House, 2016. 584 páginas. 22,90€.

Bruce Springsteen. Canciones. Edición bilingüe,traducidas por Alberto del Manzano, Ana María Machado y Alberto Serraller. Editorial Fundamentos. 
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