Buenos Humos

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PEDRO A. LÓPEZ GAYARRE

La oposición regional a Page o la campaña de las cien flores

Después de oír a Manuel González Ramos, secretario provincial del PSOE en Albacete, y a Magdalena Valerio, la guadalajareña que fuera consejera en el gobierno de José María Barreda, justificar su apoyo a Pedro Sánchez con las mismas palabras, a uno le ha venido a la mente aquella treta utilizada por Mao Zedong en 1957 para librarse de sus enemigos que se conoce como “la campaña de las cien flores”.

En esta última semana de campañas internas, tanto en Podemos como en PSOE, no han faltado en las redacciones de periódicos y agencias noticias, bulos, confidenciales y anónimos de muy diferente calidad y calado político. Hasta el periodista más novato sabe que la gran mayoría no pretenden otra cosa que mover su ánimo para influir a favor de unos u otros. Sin embargo, apartado el grano de la paja llama la atención el empeño que desde algunos órganos internos del PSOE se ha puesto en eso que el gran psicópata asesino chino expresaba envuelto en su pretendida sublime poesía: “Permitir que cien flores florezcan y que cien escuelas de pensamiento compitan en la política de promover el progreso en las artes y de las ciencias y de una cultura floreciente en nuestra tierra”.

En este caso, Manuel González Ramos y Magdalena Valerio, que le consta a uno que son dos socialistas con muchas lecturas encima, no han picado en la poética invitación del aparato, y  con el manual del militante en la mano y muchos años de vida partidista, les ha faltado  tiempo para rechazar la oferta irrechazable y jurar sobre las obras completas de Pablo Iglesias, el tipógrafo, que no Pablo Manuel, su lealtad al presidente, con una fórmula que a uno le suena a gato escaldado, o a chino maoísta a la parrilla acompañado y flambeado con flores del Yangtse.

Y es que la podemización del PSOE, en todos sus sectores, como se comprobó en el debate del lunes, ha traído las peores tradiciones de la izquierda, y que hasta ahora afortunadamente para los partidos socialistas europeos instalados en la socialdemocracia, era patrimonio exclusivo de los comunistas y su inevitable atracción por el fraccionalismo. A ello se añade el ejercicio de odio y rencor practicado contra los  gobiernos de turno cada vez que les toca estar en la oposición y que al final se acaba trasladando internamente. La intolerancia contra el oponente, la política entendida como la necesidad de aniquilar al adversario convertido en enemigo y practicada en el día a día, tiene estas cosas. Al final lo que se hace en el día a día contra el de fuera es inevitable que se practique con el fraternal compañero.

Por eso, porque hoy todos los sectores del PSOE se sienten amenazados ante el triunfo del otro, aparecen en el horizonte y no como meras anécdotas, aunque a aquí a nadie le cueste la vida, y sí su carrera política, episodios que a uno le recuerdan personajes y actitudes que sólo formaron parte de la tradición socialista en épocas tan excepcionales como la de la Guerra Civil. No es esto, no es esto.   

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