Capilla Sixtina

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JESÚS FUENTES

El truco de las cloacas

Lo peor de los procesos electorales suceden los días después. Por supuesto, todos los partidos han ganado. Todos tienen explicaciones para explicar los resultados. Y esta es la parte esencial de lo malo: escuchamos argumentaciones y razonamientos que, en circunstancias ordinarias, nos sonarían a chorradas infantiles. Da igual; todo vale y la mayor de las estupideces se convierte en una aportación trascendental. Si la vacuidad del lenguaje nos devora en el día a día, en las declaraciones y justificaciones poselectorales nos embrutecen un poco más.

Las declaraciones más exóticas han sido las de Podemos y las del PP, los grandes derrotados de esta primavera de comicios sucesivos. La cosa resultó fatal para ambos en las Elecciones Generales, pero distrajeron al personal con los resultados de las siguientes. Colocaron el chupete a los niños y a esperar. En ellas se iba a comprobar el musculo de sendas formaciones. Porque eran tres, europeas, autonómicas y municipales, y en alguna, imaginaban, podrían conseguir un resultado digno. Han terminado y lo que vemos no son músculos brillantes por las grasa del triunfo, sino los colgajos de unas estructuras “rotas en pedazos”.

De Podemos lo más “chulí” han sido los tuits del Sr. Monedero. Con el tono profético de un personaje de “Pulp Fiction”, ha escrito: “Y las cloacas convencieron a @ierrejon para que rompiera Podemos. La ambición ciega. Y metió en esa aventura a @Manuela Carmena con la que habíamos unido a toda la izquierda en Madrid. Conclusión: sube el @psoe y la derecha recupera Madrid. ¿Te ha merecido la pena Iñigo?”. El texto es una evocación de las antiguas referencias del PCE a las cloacas del franquismo, que les perseguía y asediaba. Cuando comenzó la campaña para las elecciones generales, Podemos andaba ya en horas bajas. Entonces surgieron, casi de la nada y con potencia nuclear, las maniobras de las “cloacas” para desprestigiar a la formación. La aparición súbita de esa información podía parecer a alguien que no crea en “oscuras conspiraciones”, - aunque “haberlas, haylas - ni en casualidades, un truco de prestidigitación oportunista con un asunto que venía de lejos y que estaba casi olvidado. El Sr. Iglesias explotó el filón. Durante la campaña se empleó a fondo en denunciar siniestras maniobras contra ellos por ser rojos peligrosos. Una conspiración era lo mejor que se podía emplear para excitar las mentes de quienes se “flipan” con entender cuanto sucede como una “conspiración permanente” contra los que se atreven a querer cambiar el rumbo del mundo. Solo que eso ya es un clásico en España y en otros lugares.

Tras los resultados de las elecciones generales, el asunto desapareció como había surgido: de repente. Hasta que de nuevo lo ha recuperado el Sr. Monedero y nos ha explicado de qué ha ido este proceso electoral. Según el mensaje en Twitter, “las cloacas”, situadas en lugares imprecisos, esconden monstruos que dirigen nuestras vidas y actos. Para la ocasión, han emergido desde subterráneos obscenos para envenenar la voluntad del joven Iñigo. El mal – pongan el diablo, el neocapitalismo o fuerzas de la oscuridad – corrompen la virtud, la candidez de los ingenuos que luchan por un mundo nuevo. Siempre ha sido así. Desde el principio del Universo se libra una galáctica batalla entre el Bien y el Mal, entre el ángel caído y el ángel celeste, entre el dragón y los caballeros y damas, virtuosas o no. Pura mitología religiosa, recuperada “ad hoc” para justificar que la derecha, si algunos pactos no lo remedian, gobernará Madrid.

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