25 de septiembre de 2017
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Capilla Sixtina

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JESÚS FUENTES LÁZARO

Los enfoques de la praxis

Ha finalizado el 39 Congreso del PSOE. Han terminado meses de sobreexposiciones de miserias internas. Comienza un nuevo tiempo. El de la praxis y sus hipotéticos enfoques. Treinta y nueve Congresos son muchos Congresos. Indica que es un partido de años, lo cual, en los tiempos que corren (Francia, Estados Unidos, Inglaterra), no se sabe si es garantía de algo o institución contra la que arremeter. Se me antoja más una garantía de que, pese a  errores pasados, responderá ante los ciudadanos con unas prácticas acordes a sus principios fundacionales: libertad, igualdad, justicia. La Historia, es verdad, no asegura el acierto en la gestión de lo público, pero sí descubre una trayectoria y un prestigio que mantener. Y a eso ha respondido el nuevo secretario general, Pedro Sánchez, cuando ha reivindicado las “praxis” de izquierdas como elementos identificadores del socialismo histórico español. El PSOE no es un invento, producto de las emociones del momento, es una realidad que trasciende a los conflictos externos, a las crisis internas, a los triunfos y a las derrotas. El socialismo español siempre fue radicalmente humanista, Y su praxis se orientó hacia la búsqueda de la igualdad individual, colectiva,  territorial. No otra cosa significa ser de izquierdas.

Se ha cerrado una etapa compleja e, incluso, parece que se ha clausurado un modo de relacionarse en su interior. Para acabar con las distorsiones que se producían entre la dirección nacional y las organizaciones territoriales se articuló un modelo de coordinación que terminó dejando la imagen medieval de baronías. Actuaban con un poder autónomo que, en ocasiones, fue más allá de los límites de sus competencias  administrativas o territoriales. Se produjo la quiebra de la lealtad interior. Algunos de los llamados barones quisieron llegar, desde las plataformas de sus territorios, a la dirección nacional. Para conseguirlo había que minimizar el poder y el papel del secretario general nacional. Por esto fue frecuente contemplar a algún presidente autonómico y secretario general de su federación boicoteando al  secretario general. Paradigmáticos fueron el caso Borrell o la oposición sorda a Almunia o Rubalcaba. Parece que eso ha terminado. Lo que ha quedado claro, al margen de la articulación interna aún pendiente, es que el PSOE es el único partido que  ha presentado un modelo de organización territorial posible del Estado, sobre la base de lo que ya, hace años, se esbozara en Granada. Lo que no ha hecho nadie. Ni Podemos, más atento a no perder nada no comprometiéndose en nada y con nada, ni desde luego la derecha, cuya  propuesta es que el tiempo arregle lo que ellos son incapaces de intentar.

Pedro Sánchez, en la clausura del Congreso, ha realizado un discurso ajustado. Y, por lo visto, ha emergido otro Pedro Sánchez. Ya no es el Pedro Sánchez que imitaba en los mítines a Rodríguez Zapatero que, a su vez, imitaba a Felipe González.  Es más él. Menos pendiente de forzar la candencia de la frase para conseguir el aplauso del auditorio. Su oratoria se ha transformado en más pragmática y hasta más programática. En estos momentos se puede permitir imponer su propio estilo. Donde se siente mejor y más seguro, que es en la reflexión y en el análisis próximo a la pedagogía. Incluso ha sido más breve y ágil que en ocasiones anteriores. Se ha centrado  en el momento vivido. Ahora bien, los retos que tiene no son pocos ni fáciles.

Tendrá que convencer a los ciudadanos de que el PSOE  ni se ha radicalizado ni se ha hecho antisistema, aunque se reclame de izquierdas. Ser de izquierdas no supone ninguna de las dos cuestiones enunciadas. Porque los ataques de la derecha vendrán por este lado. De hecho ya se ha apuntado que el partido reformista de González ha virado a la izquierda, como dejando la impresión de que es otro partido, distinto, más intratable. Por cierto que al finalizar el Congreso se ha cantado la Internacional, según la tradición  del PSOE. Hace poco, cuando se anunció la candidatura de Pedro Sánchez a la Secretaría General, también se entonó la Internacional.  Causó gran revuelo en los medios de comunicación. Pero tampoco hay que olvidar al competidor de la izquierda, dispuesto a ocupar cualquier hueco que quede libre, sí es que queda. No sentirán ningún rubor en llenar el espacio que, intuyan, queda vacío. Les obsesiona ostentar la hegemonía: del espacio político, de las ideas, de la propaganda, de los medios de comunicación, de la sociedad. Por último, tendrá que acompasar en el tiempo el desprestigio de la derecha con la construcción de una alternativa perceptible por los ciudadanos y viable. Es decir, modular los enfoques de la praxis diaria. Para una comprensión mejor de este título tan abstracto, decir que está copiado de un artículo de Alfonso Guerra. Lo escribió cuando el PSOE se debatía entre el antiguo partido del exilio y el moderno de la democracia que estaba a punto de implantarse en España. Llopis, secretario general entonces, intentó sancionar a Alfonso Guerra. No pasó nada. Comenzaría una de las etapas más brillantes del socialismo hispano que, tal vez, enlace con el momento actual.

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