26 de septiembre de 2017
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Editorial

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La Plataforma de la Dependencia tiene que aclarar su situación para no perder fuerza y credibilidad

El episodio del premio “Gente sin Alma” promovido por la Plataforma de la Dependencia de Castilla-La Mancha y las dudas originadas sobre la supuesta encuesta de usuarios que han decidido el nombre del galardonado, no hace ningún favor a la entidad y mucho menos a su presidente, José Luis Gómez-Ocaña, que parece obsesionado con la figura del presidente del Gobierno regional, Emiliano García-Page, y los principales cargos de la Consejería de Bienestar Social. También lo estaba con el Ejecutivo de Cospedal y fue esa descarnada lucha en defensa de los intereses de las personas dependientes lo que llamó la atención de los dirigentes del PSOE, que una vez que arrebataron el poder al PP decidieron nombrar a Gómez-Ocaña asesor del presidente Page. El romance duró poco y Gómez-Ocaña volvió a recuperar el liderazgo de la Plataforma en Castilla-La Mancha dando la patada hacia arriba a Aurelia Jerez, que pasó a la presidencia nacional. Dicen que Jerez teme a Ocaña como a un nublado.

La labor de Gómez-Ocaña, su vena reivindicativa y su carácter rebelde parecen estar volviéndosele en contra por llevar sus planteamientos a posiciones extremas que están poniendo en riesgo el futuro de la Plataforma, donde poco a poco van creciendo las voces críticas contra su presidente. Otras organizaciones de sus características son capaces de convivir con los poderes públicos sin perder por ello el espíritu crítico e independiente. La Plataforma de la Dependencia agrupa a un colectivo desfavorecido que agrupa a miles de personas que necesitan su presencia y representación. Sería una pena poner en riesgo a la organización y la falta de credibilidad puede ser el punto de arranque que lleve al precipicio.

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