El Miradero

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Ana Nodal

La terapia que necesita Castilla-La Mancha

El clima está crispado a nivel nacional, regional e incluso meteorológico. Agosto, un mes tradicionalmente de calma absoluta, en el que se impone la monotonía y el afán por relajarse, se ha teñido de sangre con los atentados de Cataluña, de inquina con el espectáculo que nos ofrecen de un tiempo a esta parte las Cortes de Castilla-La Mancha y de estupor con esas tormentas que anegan ciudades como Toledo, acostumbrada a ver llover de allá para cuando y lo justito para mojar levemente la tierra sedienta.

Pues, ya ven, agosto no es lo que era. Por centrarme en lo nuestro, me quedo con la necesidad de calmar el ambiente que se respira en las Cortes de Castilla-La Mancha. Es cierto que nadie se hubiera esperado el pasado mes de abril, cuando los dos diputados de Podemos votaron "no" a los presupuestos de Castilla-La Mancha, que uno de ellos fuera a convertirse en vicepresidente segundo de la Junta, pero hay que aceptar la realidad, algo que está siendo especialmente duro para el PP, que no acaba de digerirlo. No les ayuda ese afán por calificar de "comunista" a Emiliano García-Page. No sé, creo que deben tranquilizarse, respirar hondo y tratar de asimilar que ahora su papel ha de ser el de una oposición dura, pero responsable. Si saben jugar bien sus cartas, seguro que de esta nueva situación pueden sacar su ventaja.

Enfrente tienen al Gobierno de la Junta que, ahora sí, cuenta con mayoría absoluta. García-Page ha conseguido hacer de un defecto  virtud, al menos para su Ejecutivo, y se ha quedado tan a gusto con García Molina, el que le ponía de vuelta y media, en su bando. Que el PP le califique de comunista no creo que le importe mucho. Al fin y al cabo, tiene la sartén por el mango, con un vicepresidente segundo cuya continuidad depende de su firma. Este panorama es el que hay, lo cual tampoco justifica a que la mayoría se imponga con formas que no son las más adecuadas en unas Cortes del siglo XXI. 

Mientras, los ciudadanos asisten estupefactos a este espectáculo en el que echamos en falta propuestas, porque tras escuchar que el PP ha presentado centenares de enmiendas a las cuentas de Castilla-La Mancha, pocos se han enterado de las razones del rechazo generalizado a esas propuestas. Tampoco conocen las iniciativas de Podemos ahora que han encontrado acomodo en el Gobierno de Castilla-La Mancha. No vendría mal que PP y PSOE informaran de sus expectativas más allá de que un partido hable de Venezuela y el otro insista en el cansino recuerdo a Cospedal.

Echemos a andar en esta nueva etapa que vive Castilla-La Mancha. Ahora mismo el Gobierno es de Page y de Podemos. Y, por cierto, García Molina tiene un buen marrón con esa propuesta suya de abrir el Hospitalito del Rey que en abril esgrimió como excusa para rechazar las cuentas socialistas, que no la preveían, y que ahora, como alto cargo, olvida. Vamos, que se hace el despistado. Y no cuela. 

Los presupuestos se van a aprobar, eso es evidente. Vendría bien que nuestros políticos hicieran uno por uno examen de conciencia de sus actos y de sus palabras y recordaran que están ahí porque los ciudadanos les han votado. Para servirles a ellos, no a sus intereses de partido. ¿Lo mejor de la maratoniana sesión de Presupuestos del pasado viernes? La propuesta de Fernández Vaquero de hacer terapia en las Cortes. Seguro que hay voluntarios para dirigirla. Haya paz y política constructiva, por favor. Que nuestra tierra no se merece tantas disputas.

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