El Miradero

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Ana Nodal

¿Qué hacemos con la Feria de Toledo?

¿Qué hacemos con la Feria de Toledo? Hace años que los sucesivos equipos de gobierno se empeñaron en que nuestra fiesta era el Corpus y que lo demás era menor, de ahí que la desidia haya sido la nota predominante en la elaboración de unos actos que se llevan a cabo más que nada por cubrir el expediente. Porque, desde hace tiempo, la feria se ha quedado prácticamente reducida a beber agua de los botijos en la Catedral, una tradición que, evidentemente, no depende del Ayuntamiento.  Así las cosas, me asombra que ciudades de esta región, capitales y pueblos, puedan organizar varias fiestas a lo largo del año con una envidiable complicidad de los vecinos y sin necesidad de gastarse una millonada. En Toledo, eso no pasa. 

Me pueden decir que el problema somos nosotros, los toledanos, que no somos participativos, que somos incluso huraños, pero este año la concejala de Festejos, mi querida Maite Puig, ha desmontado ese viejo tópico al destacar que los actos han estado muy concurridos. Bien es cierto que tampoco es que seamos la alegría de la huerta, pero ya ven, si se organiza alguna actividad lúdica, nos sumamos, sobre todo si es gratuita, como ha ocurrido esta vez

Salvado este obstáculo  de nuestra inherente frialdad, que ha sido el argumento de algunos concejales para preparar siempre lo mismo, llega el momento de que los que gobiernan se pongan las pilas y le echen imaginación y creatividad a los actos que rodean la celebración de la patrona. Y es que, aunque los más jóvenes no lo hayan vivido y crean que la feria se resume en un indescriptible concierto multitudinario de alguna cadena de radio que nos machaca durante horas, nuestra feria ha sido una celebración con solera, en la que la Vega era el centro de atracción con sus horchatas, sus sardinas y sus pollos, su noria e, incluso, sus bailes en casetas exclusivas. Y hasta han venido artistas de renombre, como Chayanne, sin ir más lejos. Otra cosa es que nos guste.

No sé cuándo comenzó el ocaso de la feria. Tal vez en el momento que se trasladó a la Peraleda, un lugar que nunca se acondicionó para resultar acogedor a los toledanos. Tampoco recuerdo ya quién decidió que ese enclave iba a dejar de ser recinto ferial, aunque sí me vienen a la mente las palabras de Emiliano García-Page, en su última etapa como alcalde, cuando reconoció que la Peraleda no estaba en condiciones de albergar fiesta alguna. También la alcaldesa Tolón ha mostrado su intención de crear un magnífico recinto en torno a Safont. 

Voluntades aparte, lo cierto es que la Peraleda sigue acogiendo gran parte de los actos de la feria y las condiciones en las que se encuentra la zona causan bochorno. La falta de cuidados, el desinterés y el abandono han hecho mella en una zona que cada fin de semana es pasto de los botellones de chavales que lo dejan todo manga por hombro sin que nadie les ponga freno. Cuidemos una de las escasas zonas de ocio que hay en nuestra ciudad. Que los que vienen a nuestra feria se queden con la boca abierta por la calidad de las atracciones, no por las deficiencias de los servicios, empezando por los aseos, por cierto. 

Así pues, llega el momento de que Ayuntamiento y vecinos se reúnan para decidir qué hacemos con la feria de agosto. Toledo, esta ciudad que conmemora el 30 aniversario como Patrimonio de la Humanidad, se merece un recinto en condiciones y una feria a la altura de la riqueza de la que tanto presume. Y con mucha razón, que conste.

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