Entre Bolos

Entre Bolos

Alberto Morlanes

Bienvenido de nuevo, Emiliano

La intervención inicial de Emiliano García-Page en el Debate sobre el Estado de la Región, de casi tres horas de duración, se hizo este miércoles por la mañana empalagósamente triunfalista, excesivamente larga y demasiado parecida a la del pasado año. Esta similitud, con multitud de anuncios calcados a los de 12 meses atrás, venía a confirmar que al presidente de Castilla-La Mancha este 2017 le ha cundido poco y lo ha consumido sin pena ni gloria entre unas guerras con Podemos por aquí y otros jaleos internos del PSOE por allá. El propio líder de los socialistas castellano-manchegos, durante su discurso, reconoció que los últimos meses han sido "terribles" para él. Terror significa miedo muy intenso, del que bloquea y paraliza.

Esa sincera confesión presentó al García-Page más creíble de la jornada y, al escucharle decir que en esos momentos tan delicados su responsabilidad era sacar adelante su programa de gobierno, pensé que le estaba reconociendo de una vez a toda Castilla-La Mancha que si ha metido a Podemos en la Junta no ha sido por gusto sino por cumplir con los compromisos adquiridos... para lo que necesitaba para seguir en el cargo. La sospecha se confirmó por la tarde, cuando el presidente, en su turno de réplica a la 'popular' Ana Guarinos, mucho más entonado que por la mañana, dejó el gran titular de este Debate: "Me convencí de que era imposible sacar adelante el presupuesto con Podemos y mantuvimos varias conversaciones con el PP. Bastantes de ustedes estaban dispuestos a arreglar el problema, a hacerle un favor a la región, pero su jefa se lo impidió. Si la interlocutora hubiese sido Soraya o Rajoy habríamos firmado el acuerdo, pero con Cospedal es imposible".

García-Page le estaba diciendo en la cara a su vicepresidente segundo y salvador, el 'podemita' José García Molina, que ha sido su segundo plato, que el matrimonio ha sido de conveniencia. Y lo peor de todo es que el jefe de Podemos no se quedó blanco... porque él ya sabía lo que otros muchos sospechábamos. En definitiva, esta es una pareja de intereses mutuos, que nació con fecha de caducidad y que, posiblemente, ya tenga preparados los papeles de un divorcio que vamos a pagar (ya lo estamos haciendo) todos los castellano-manchegos. Queda claro, entonces, que estamos en un periodo de aparente calma mientras avanzamos inexcusablemente hacia una nueva crisis institucional en Castilla-La Mancha previa a las elecciones de 2019, para las que el PP parece que ya no cuenta con María Dolores de Cospedal como candidata, a la vista del papel "presidenciable" que desde hace semanas ha adquirido Vicente Tirado. "Firmo ahora mismo que el señor Tirado sea el próximo candidato del PP", dijo con arrogancia García-Page en un momento del debate, poco después de asegurar que también Cospedal sería, más o menos, una perita en dulce para él como rival. Emiliano se estaba convertido por momentos en Egoliano.

Lo más positivo que pueden extraer los castellano-manchegos de este Debate es que su presidente ha recuperado el pulso después de haberse salvado por la campana superando el peor momento político de su carrera. El presidente Emiliano ha lanzado decenas de anuncios, vuelve a confiar en sí mismo, vuelve a ser el que era porque sabe que el sapo morado que le tocó tragarse le ha dado una segunda oportunidad que no está dispuesto a desaprovechar. García-Page siempre ha sido un progresista conservador, un tipo de izquierdas que pretende caer simpático a la derecha, un heredero de Bono, en definitiva, y eso le ha servido para ser alcalde de Toledo durante ocho años y, ahora, tras unos meses de depresión, presidente de Castilla-La Mancha por segunda vez. Bienvenido de nuevo y muchos éxitos de aquí en adelante, porque sus éxitos serán los de todos. O así debería ser.

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