Entre Bolos

Entre Bolos

Alberto Morlanes

Puñalada trapera a Castilla-La Mancha

Sospecho que en este ratito de escritura que tengo por delante voy a tener que controlarme para no soltar ningún exabrupto, para no insultar a nadie y para no ofender a ningún territorio. Aunque lo que están haciendo con el Tajo merezca, seguramente, las tres cosas. No prometo nada después del último trasvase aprobado ayer mismo por el Gobierno de Rajoy, que es la gota que colma el vaso de la desvergüenza política y supone un nuevo atentado medioambiental contra un río agonizante que, de Madrid para abajo, lleva años convertido en un estanque putrefacto y maloliente con el visto bueno de la inútil Confederación Hidrográfica del Tajo.

El Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, con Isabel García Tejerina a la cabeza, ha demostrado una y otra vez su absoluta insensibilidad con el Tajo, al que está dispuesto a secar por completo, si es necesario, para que el potente lobby agroalimentario murciano siga enriqueciéndose a costa de empobrecer a otros territorios que, si los rezos propuestos desde la Delegación del Gobierno en Castilla-La Mancha no surten efecto, el próximo verano tendrán que abastecerse con camiones cisterna pese a tener dos de los embalses más grandes del país a las puertas de casa.

El trasvase de 7.500 millones de litros publicado ayer miércoles en el BOE, además de no ser ético, tampoco es estético. El Gobierno de Rajoy, de manera poco honesta, ha aprovechado el único recoveco legal al que le quedaba por agarrarse para seguir sangrando a Entrepeñas y Buendía, para seguir expoliando a un Tajo que ya no puede más. Al MAPAMA se la ha traído al pairo la situación hidrológica excepcional de los embalses de la cabecera del Tajo, que están prácticamente secos, al 15 por ciento de su capacidad. Para aprobar el último trasvase al Segura se han agarrado a que Entrepeñas y Buendía acumulaban 376 hectómetros cúbicos (buena parte de lodo) el pasado 1 de mayo, solo 11 por encima del límite de 368 hectómetros cúbicos por debajo del cual no se puede trasvasar. Pero lo que no cuenta la señora ministra, y he aquí la puñalada trapera, es que parte de esos 376 hectómetros cúbicos que tenían los pantanos el primer día del mes ya están en el Segura porque el trasvase anterior ha seguido funcionando durante los últimos días. Una jugarreta en toda regla.

Que tenga claro la ciudadanía de Castilla-La Mancha que si no se moviliza de una vez va a seguir siendo vilipendiada y acabará enterrando para siempre a su río. La altura política demostrada durante las dos últimas décadas, al menos en cuando a materia hidrológica se refiere, no hace pensar en una solución satisfactoria a corto plazo para este expolio (que no guerra) del agua. El PSOE ya lleva dos años gobernando en nuestra región y, más allá de recursos judiciales inservibles y de anuncios de futuras negociaciones con el Levante, nada de nada en el plano de lo real. Nadie en el PP castellano-manchego de Cospedal tiene el coraje suficiente para levantar la voz y reclamar que se pongan los intereses de sus conciudadanos por delante de los intereses del partido. Podemos y Ciudadanos, por si fuera poco, nunca han estado preocupados por en este asunto ni se les espera. El panorama es desolador. ¿Hacemos algo o seguimos viendo el agua correr?

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