25 de septiembre de 2017
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Entre Bolos

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Alberto Morlanes

El sueldo de García Molina, un gestor por descubrir

Solo el tiempo dirá si la inversión realizada por el presidente Emiliano García-Page, tanto en términos de dinero público como de credibilidad personal, propiciando la entrada de Podemos en el Gobierno regional, es rentable para el conjunto de los castellano-manchegos o si, como defiende el PP, el polémico pacto solo beneficia a los abajofirmantes. Viendo las funciones que tienen adjudicadas dentro del gabinete, discretas y de escaso lucimiento, uno sospecha que los dos miembros morados que han accedido al Ejecutivo, el vicepresidente segundo José García Molina y la consejera encargada de la coordinación del Plan de Garantías Ciudadanas, Inmaculada Herranz, van a tener complicado convencer al pueblo castellano-manchego que no les votó en 2015 (un 90 por ciento) de que son unos buenos gestores que merecen su confianza en los próximo comicios. Si quieren conseguirlo tendrán que hacerlo en un tiempo récord porque, como mucho, tienen un año y medio por delante. Aunque quizá no sea esa su misión verdadera y la estrategia partidista acabe primando sobre el interés general.

Ya se verá y los votantes juzgarán pero, mientras tanto, no parece el planteamiento más acertado caricaturizar la figura García Molina hasta el extremo que lo están haciendo los 'populares' castellano-manchegos. La exageración siempre resta credibilidad. Además, el líder regional de Podemos y flamante vicepresidente de la Junta, por mucho que se empeñe el PP, no es un tipo radical ni peligroso pese a que esté a favor de un referéndum con garantías democráticas para que los catalanes voten su posible independencia. Su compañero anticapitalista David Llorente, los sindicatos educativos y los funcionarios que sufrieron los recortes durante la etapa de Cospedal, muy a su pesar, pueden confirmarlo. El político catalaverano es un tipo moderado, sosegado e inteligente. Si analizan lo ocurrido desde las pasadas elecciones hasta hoy se darán cuenta de que no es el PSOE de Page el que se ha "podemizado" sino que es el Podemos de García Molina el que ha acabado aceptando las tesis del PSOE. ¿Qué ha cambiado sustancialmente en la realidad castellano-manchega desde la llegada de Podemos a las instituciones? Salvo matices y algunas formas, nada de nada.

Resulta curioso, en ese sentido, que la primera gran campaña de comunicación de Podemos Castilla-La Mancha desde su entrada en el Gobierno autonómico haya mostrado en las redes sociales sendos vídeos del vicepresidente García Molina y la consejera Herranz explicando a sus seguidores que, como no podía ser de otra forma, renuncian a los privilegios y a las prebendas asociadas a sus nuevos cargos. En las grabaciones aseguran que no utilizarán coche oficial y que cobrarán solo tres veces el Salario Mínimo Interprofesional. Esto último no es verdad. Ambos van a percibir en torno a 4.000 euros mensuales de la Junta, de los que se quedarán para ellos algo menos de 2.000. El resto lo donarán a Podemos por imperativo del partido. La supuesta nueva política mantiene los viejos sueldos de siempre... aunque haga con ellos lo que le venga en gana, faltaría más.

En definitiva, pedir a Page el cese de García Molina a las primeras de cambio, solo un mes después de haber tomado posesión, haciendo creer a los ciudadanos que quiere destruir la unidad de España desde su despacho castellano-manchego es concederle demasiado poder a un modesto vicepresidente segundo de la Junta al que, como todos los que han pasado por su lugar, los ciudadanos aplaudirán sus aciertos y condenarán sus errores. Pero para eso, al menos, tiene que empezar a gestionar. Seguimos esperando y posiblemente nos sorprenda como lo ha hecho convirtiéndose en protagonista absoluto de la política regional con un respetable puñado de votos.

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