Entre Bolos

Entre Bolos

Alberto Morlanes

Las inundaciones de Toledo y un hospital por hacer

Si hay algo que indigna por igual a todos los toledanos, voten a quién voten, es el lamentable estado que presenta desde hace años el hospital Virgen de la Salud de Toledo, un complejo que cuenta con grandísimos profesionales sanitarios pero cuyas instalaciones son indignas de un país europeo en pleno año 2017.

Las graves inundaciones que anegaron varias partes hospital el pasado viernes (en la ciudad la tromba de agua fue muy intensa pero no se inundó ningún otro edificio, ni siquiera algún garaje de la zona) evidencian que las quejas de los ciudadanos de Toledo y de la provincia tienen razón de ser, que su indignación por el estado del Virgen de la Salud está más que justificada y que la urgencia de contar cuanto antes con el nuevo hospital del barrio del Polígono no es ningún capricho. Lo más sangrante del asunto es que esas inundaciones eran evitables por completo y no se hubiesen producido si el complejo contase con un mínimo de mantenimiento y con los medios indispensables, que no fueron procurados por el Gobierno de Cospedal y tampoco lo han sido por el momento por el actual Ejecutivo, pese a que prometió en vano que este asunto estaría resuelto en abril.

Mirando al futuro, la realidad actual es que lo trabajos de construcción del nuevo hospital se han reanudado tras años de parón y que el compromiso del Gobierno de Emiliano García-Page es que las obra estén finalizadas en la primavera del 2019, justo antes de las elecciones autonómicas previstas para mayo de ese ejercicio. Sin embargo, la sensación generalizada en la ciudad es que, hoy por hoy, los trabajos no avanzan a un ritmo precisamente esperanzador.

El consejero de Sanidad, Jesús Fernández Sanz, y la directora gerente del Sescan, Regina Leal, no tienen la misma opinión y defienden con vehemencia que todo sigue el ritmo previsto. Sin embargo, a lo largo de la legislatura se han visto obligados a ofrecer varias fechas distintas para que la construcción del futuro hospital alcance "velocidad de crucero". Las dos últimas, que recuerde, han sido abril de este año y, finalmente, "junio o julio". Ya veremos. Por ahora, tanto baile de fechas no denota toda la seriedad esperada en un asunto de tal importancia.

El propio consejero, por otra parte, aseguró hace escasos días que ya hay cien personas trabajando en la obra. Es posible que así sea (a veces las cosas no son como parecen), pero tantos trabajadores deben estar repartidos por las oficinas de la UTE encargada de levantar el hospital. O quizá trabajan a pie de obra con sigilo catedralicio. Desde luego, paseando por los alrededores de esa parcela del polígono, nadie escucha demasiados martillazos ni taladros, los camiones no entorpecen el tráfico y los vecinos no cuentan a más de un diez o doce obreros trabajando a la vez con mono azul y pisando hormigón. La realidad es tozuda.

Es innegable que el Gobierno regional ha hecho un importante esfuerzo para desenmarañar la situación que se encontró en relación a las obras del futuro hospital y que ha sido muy valiente ofreciendo una fecha de finalización de lo trabajos a dos años vista. Ese es el escaso margen temporal que tienen Page y su equipo para cumplir uno de sus grandes compromisos de la Legislatura. Si lo hacen la ciudad se lo agradecerá (y bien agradecido estará) durante mucho tiempo, pero si el plan falla y no se llega a tiempo, el descontento y la decepción de la ciudadanía tendrá un reflejo fiel y directo en las urnas. Con la salud no se juega y, en este asunto, la gente ya se ha sentido tomada por tonta en demasiadas ocasiones.

COMPARTIR: