23 de septiembre de 2017
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ELENA ARROYO, PRESIDENTA DE BOLO BOLO

"Que te llamen camionera o marimacho también es una agresión"

A Elena Arroyo (Toledo, 1982), criada en una familia católica, le costó aceptar durante su adolescencia que era lesbiana. Finalmente, con la ayuda de un profesor de su instituto, buscó refugio en el colectivo LGTBI (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales, Bisexuales e Intersexuales) y acabó aceptando su propia realidad como algo absolutamente natural. Y no solo eso, se involucró tanto en la defensa de los derechos humanos que, desde 2011, preside Bolo Bolo, la asociación LGTBI más representativa de Castilla-La Mancha. Ahora, a punto de cumplir los 35 y preparando unas oposiciones, Elena atiende a EL DIGITAL con motivo del Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia, que se celebra cada 17 de mayo para conmemorar la eliminación de la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales por parte de la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), algo que ocurrió en 1990. La transexualidad se sigue considerando una patología. Queda mucho por avanzar.

¿Cómo llegó usted a abanderar el colectivo LGTBI en Castilla-La Mancha?

El fundador de Bolo Bolo, Javier Fernández, era profesor en el instituto donde yo estudiaba, el Juanelo Turriano del Polígono de Toledo. Con él fui a alguna manifestación a Madrid y me parecía muy emocionante el colectivo LGTBI fuese capaz de decir en la calle lo que yo sentía por dentro. Sus últimos años fueron muy tristes y, cuando murió, me separé un poco de todo esto. A los años me reenganché, di el paso y soy presidenta de Bolo Bolo desde 2011. Pero al principio me costó mucho. ¡Me escondía detrás de las columnas para que no se me relacionara con ellos!

 

¿Qué es lo que temía?

Yo iba mucho a misa, fui catequista y, con esa educación, llegó la adolescencia y pensaba: "¿Por qué me está pasando esto? No puede ser". ¡Llegué a pensar que Dios me había llamado por su camino! Estaba convencida de que si no iba a formar una familia es porque Dios me estaba pidiendo que fuese monja. En ese momento no fui capaz de ser sincera con mi familia. Tenía miedo a que, si me veían en Bolo Bolo, les parasen por la calle a decirles cualquier cosa.

 

¿Se ha reconciliado ya con ese Dios?

Con Dios, bueno... (se lo piensa). Tengo mis serias dudas. Con la Iglesia no me he reconciliado. No juzgo a nadie por sus creencias, pero tampoco quiero que me juzguen a mí.

 

Pero le puso coraje y acabó saliendo del armario. ¿Por qué decidió hacerlo?

Salir del armario o no hacerlo es una opción muy personal. Yo lo hice porque lo entendía como una liberación. Quise decir: "¡Joder, soy lesbiana pero sigo siendo igual que ayer y mañana también voy a seguir siendo igual!". Además, pensé que con mi actitud podía ayudar a otras personas. Hay gente que se siente bien, que está aceptada en su entorno más cercano y no siente que nadie más tenga que saber sobre su sexualidad, pero sigue habiendo mucha gente que no viene a Bolo Bolo para que no les vincule con nosotros y por miedo de salir en alguna foto. Toledo es una ciudad muy difícil.

 

¿Por qué dice que Toledo es difícil?

Es difícil porque aquí nos conocemos todos. Si a Fulanita se le ve tres veces con Menganita ya se empieza a comentar que quizá son más que amigas. Mucha gente hace su vida en Toledo los días de diario y el fin de semana se va a Madrid a hacer lo que podría hacer en Toledo pero no lo hace para que no se le reconozca. Eso sigue pasando.

¿Le molesta que se etiquete a los homosexuales como promiscuos?

Eso es un mito. Ni todos los gays son promiscuos ni todos los promiscuos son gays. No somos ni más ni menos promiscuos que en otros colectivos. Lo que sí me da muchísimo miedo es que ya no existan campañas de sensibilización contra el VIH y que en las redes sociales o en los chats para conocer gente haya muchas personas que pidan mantener relaciones sexuales sin preservativo.

 

¿El colectivo LGTBI sigue sufriendo agresiones?

Quizá las agresiones físicas más graves sean pocas y casi todas acaben teniendo repercusión en los medios de comunicación, pero hay otro tipo de agresiones más habituales que quedan silenciadas porque, si mis compañeros del trabajo o mis amigos del instituto no saben que soy lesbiana, no voy a denunciar públicamente que he sido agredida por ser lesbiana.

 

¿Usted ha sufrido ese tipo de agresiones?

Hubo una época en la que me confundían mucho con un chico por mi manera de vestir o por llevar el pelo corto. Que te llamen camionera o marimacho para mí es una agresión.

 

¿Un menor LGTBI está más expuesto que los demás al acoso escolar?

De los niños y adolescentes que sufren acoso escolar, un porcentaje muy importante son homosexuales o transexuales. A Bolo Bolo vienen familias de menores LGTBI que aceptan a sus hijos como algo natural pero que no saben cómo afrontar la situación en el colegio, con los otros niños... Es algo muy sutil, que quizá hagamos inconscientemente, pero seguimos educando a los niños para que piensen que lo normal es ser heterosexual, y eso genera problemas.

 

¿Qué les diría a los responsables de Hazte Oír después de su polémico autobús naranja?

Me pareció tremendo lo que hicieron, pero no merecen más comentarios. Lo que me emocionó muchísimo fue la respuesta social contra ese autobús y contra todo lo que representa Hazte Oír. No solo reaccionaron los colectivos LGTBI; también lo hicieron colectivos por los derechos humanos, canales de televisión... Me emocionó mucho ver que, por fin, fuera del colectivo LGTBI se está entendiendo lo que nosotros defendemos.

¿Se sienten respaldados por las instituciones de Castilla-La Mancha?

Nos atienden, nos escuchan y quieren aprender. En Toledo, a través de la Concejalía de Juventud, siempre nos hemos sentido muy respaldados. Ya hemos conseguido que en Castilla-La Mancha las mujeres solteras y las parejas de mujeres pueden optar a la reproducción asistida en la sanidad pública, pero tenemos pendiente la aprobación de una ley LGTBI que de más garantías a las familias del colectivo y que haga que caiga todo el peso de la ley cuando se produzca agresiones de odio por cuestiones sexuales.

 

¿Ser lesbiana, gay, bisexual, transexual o intersexual supone un problema añadido para encontrar trabajo?

Es posible que suponga una dificultad. Un centro de trabajo es el reflejo de la sociedad, y en esta sociedad existe un discurso políticamente correcto, socialmente bien visto, pero luego tiene otra manera de hacer las cosas más en la sombra. Como está mal visto, un empresario nunca va a reconocer que no te contrata o que te despide por ser homosexual o por ser transexual. Él va a justificar ese despido diciéndote que has llegado dos segundos tarde o cualquier otra excusa. Desde Bolo Bolo estamos en contacto con los sindicatos para formar a las personas responsables de la contratación en las empresas y enseñarles, por ejemplo, que la forma de trabajar de una persona no cambia porque cambie su sexo en el DNI. 

 

¿Usted ha tratado de disimular alguna vez que es lesbiana durante una entrevista de trabajo?

Inconscientemente, creo que sí. A todos nos han dicho siempre que a una entrevista de trabajo hay que ir arreglada, y parece que para una mujer ir arreglada consiste en ponerse tacones y maquillarse. Yo he tenido que hacer eso para dar mejor imagen. Pero en realidad no tiene mucho sentido porque, si te cogen es ese trabajo, es muy difícil afrontar el día a día fingiendo o callándote ciertas cosas.

 

¿Cómo tienen pensado celebrar este año el Orgullo LGTBI en Toledo?

Este es el décimo aniversario de Toledo Entiende y hemos preparado actividades durante diez días, del 19 de junio al 28 de junio, el Día Internacional del Orgullo LGTBI. Lo planteamos como una semana cultural pero también nos vamos a manifestar, vamos a entregar los Premios Javier Fernández en honor al fundador de Bolo Bolo y la bandera arcoíris va a ondear por segundo año consecutivo en el Ayuntamiento. A mí me emociona mucho. ¡Está invitado todo el mundo! Tenemos muchas cosas que celebrar porque, sin ir más lejos, en la primera manifestación que hicimos en Toledo, y solo han pasado diez años, la gente salía a decirnos auténticas barbaridades.

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