A vuelapluma

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Eusebio Cedena

Elogio de la quietud

Pedro Cuartango, gran periodista, columnista impagable, ha publicado un libro precioso que me está enamorando: “Elogio de la quietud”. ¡Qué bonito! Cada pieza es una joya, cada página una maravillosa adicción. La vida atrapada en un vuelo de periodismo y pasión. Deliciosa literatura, carga de humanidad en cada idea y cada palabra. Cuartango es un hombre melancólico y un pesimista, tal vez como corresponde a un periodista de largo aliento, pero ha conseguido convertir su nostalgia en una inagotable fuente de inspiración y conocimiento y su necesidad de escribirse en un hermoso manantial de agua clara. Escribir sencillo y auténtico, que la verdad, su verdad, aflore por todas partes y uno se la vaya encontrando en cada vuelta de hoja. Por ahí apunta Cuartango, creo, en la misma dirección que el gran Antonio Machado y a mí esto me parece una maravilla formidable. Y una gran suerte dar con ella en este verano temeroso y tan raro.

“Elogio de la quietud” es la vida al correr de los días desde una mirada de reposo y perplejidad, la incertidumbre de un escéptico incorregible que observa el mundo y no lo entiende. O lo entiende a ratos y a medias y por eso su afán de seguir haciendo preguntas, interrogando a un infinito que nunca ofrece respuestas. El cosmos silencioso e inabarcable. La quietud, la vida lenta, la escritura sin pretensiones más allá de contar y contarse y cogerle un poco el paso a lo cotidiano, a lo que ocurre por dentro y por fuera, esas corrientes que son el fluir de la condición humana y su lugar en el mundo. Tal vez las mismas corrientes que sobrevuela Andrés Trapiello en su imprescindible y monumental diario en marcha, aunque con otro tono y otra forma: coger el tiempo, atrapar la fugacidad de la vida, tener el día entre las manos y dejarlo encerrado en un folio para evitar que salga volando y desaparezca para siempre. Escribir es buscar un sentido a nuestra azarosa existencia, escribe el propio Cuartango en el prólogo de esta quietud, tan personal y apasionante.

El misterio de vivir, que es probablemente lo más difícil del mundo y paradójicamente nuestra única gran misión. Ese es el horizonte de este “Elogio” en el que Cuartango se rebusca a sí mismo entre las palabras y se encuentra, como puede, intentando arrojarse un poco de luz. Entender la melancolía. Comprender humildemente la belleza de la quietud y esforzarnos en atravesar la vida sin ruido, palabras de Somerset Maugham que Cuartango hace suyas para dejar sentado que el presente es lo único que tenemos y que la vida es tal vez algo mucho más simple de lo que queremos creer. Vivir el aquí y el ahora: “Coge el día. Atrápalo. No escuches a quien te diga que dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Abre los ojos y los oídos. Levántate y anda. Recorre los caminos que quedan por hollar… Camina ligero de equipaje, no temas a lo que te aguarda en el recodo del trayecto. Ama, pero no te aferres a nada. Relájate y disfruta de la vida, que es lo único que tenemos para un rato”. El “Manifiesto minimalista” con el que Cuartango abre estas páginas es un pleno goce de los sentidos.

En fin, que el libro de Cuartango es una maravilla y hay que leerlo. Por ahí anda un soplo de vida y a nadie le viene mal un poco de divino aire fresco para ventilarse la cabeza y el corazón. Un placer.

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