A vuelapluma

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EUSEBIO CEDENA

A VUELAPLUMA

Jota en Radio Celeste

Jota nos ha dicho adiós y Dios se ha estremecido. Es la señal del cielo. Nuestro amigo Jesús Javier Rodríguez, un señor de Talavera, se fue con el viento solano de una tarde de julio y nos dejó a este lado del mar, pero no del todo y no para siempre. El mundo se ha empobrecido un poco y la vida tiene ahora una sonrisa menos, una alegría a la fuga, pero mirar hoy a las nubes es de otro color y tiene otro horizonte. El firmamento declama, un gran tipo se ha ido. Un periodista de cuerpo entero, un amigo de siempre, cercano y constante, una excelente persona así pasen los siglos. Calla su voz, dejamos de oír su franca palabra, perdemos su abrazo y la profundidad de su mirada discreta y serena, pero Jota ya vive en Radio Celeste y desde allí ha empezado a enviarnos las crónicas del infinito. Nos dejaste, Jota, y nos hemos perdido un poco por ello, el dolor y la tristeza nos vienen ahora zarandeando, pero no te has ido del todo y no para siempre. Ya sabes que cuando uno se cala, eso ya permanece.

Esta mañana sombría de ánimo algo está desolado en nuestro corazón y en la piel que lo abriga, apagados por dentro y por fuera, pero ha llegado el momento de sacar el cuaderno gris de la memoria y la vida encendida y recordar el admirable pasar de Jesús Javier, mucho más corto de lo que hubiéramos querido, pero intenso y vital y alegre y emocionante. Un amigo, un periodista, un gran tipo. Clama el cielo pero nos queda la elegancia de una forma de ser y de estar, lecciones en la vida y en la hora final de la marcha: valentía, humildad, discreción, talento, amistad por los amigos y amor del más grande y apasionado por la familia. Fue valiente y guerrero Jota hasta en la despedida final, escrita tal vez sin fuerzas, pero con la vitalidad del adiós en la esperanza y la fe, esa fe que le mantuvo en pie y entero toda su vida y que ahora es la más íntima conexión con el mundo y la gente enamorada que ha dejado aquí abajo. Cada día lamento no encontrar esa misma vela alumbrando en mi corazón, pero hoy el ejemplo de Jota, su vida y su fuerza, me ponen un poco más cerca de Dios. Qué prodigioso y fascinante poder. Qué fabulosa esperanza. Despedirse así de todo y del mundo ha sido el último gesto de generosidad y de visceral valentía de Jota, una carta de ejemplaridad, de pasión y de vida. La despedida de un periodista, el adiós de un hombre.

En fin, Jota, tío, ya sabes que te quisimos. Que amamos lo que fuiste para nosotros. Que te echaremos cada día de menos. El golpe vital que nos dabas en la mañana. Ya sabes que somos muchos y que lo somos con sentimiento y verdad. Que siempre estarás en nuestro corazón. Joder, Jota, te fuiste y nos has dejado un abismo por dentro. Una ausencia irreparable en el aire. Menos mal que no te fuiste del todo y no para siempre. Menos mal que tenemos tu lección, tu memoria y tu vida. Menos mal, nuestro amigo.   

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