A vuelapluma

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EUSEBIO CEDENA

El AVE y esos trenes basura de Talavera

A ver si no me equivoco en los contextos. Creo que eran los tiempos de José María Aznar en la Moncloa cuando empezó a prometerse el AVE a Talavera y Extremadura. El entonces ministro de Fomento o lo que fuera, Francisco Álvarez Cascos, llegó a ponerle una primera fecha a la puesta en marcha del ilusionante y mágico proyecto: 2007. Una utopía imposible, valga la redundancia, a la que los talaveranos se agarraron como el clavo ardiendo que pondrían fin a su histórica marginación y acabaría con décadas de abandono y eternos balbuceos en el furgón de cola de la vida y del mundo. La sensibilidad extrema que siempre se ha sentido en Talavera hacia los cantos de sirena nos hizo pensar de buena fe, y con mucha ingenuidad voluntarista, que algo empezaba a cambiar en esta historia del oeste y que por fin nos miraban con cariño desde los centros del poder. Vana ilusión. Recuerdo entonces, como si fuera hoy mismo, que mi querido y llorado amigo Guillermo Urtiaga, que fue toda su vida un clarividente y un tipo realista, me dijo que el AVE nunca llegaría a Talavera ni en 2007 ni muchos años después y que no era capaz de entender tan estúpida fe de los talaveranos: "Olvídate, eso no va a ocurrir", me dijo con profética certeza.

Y así fue. El AVE de Aznar y Cascos se ve que volaba menos que el paso del tiempo y nunca llegó en los días anunciados por el Gobierno de los populares. Ni sospecha: Urtiaga iba acertando. Pero, fracasada la antigua quimera, la nueva ilusión la puso el siguiente presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que en plena campaña electoral de 2008, en un mitin en Talavera junto al entonces alcalde José Francisco Rivas, zanjó el asunto del AVE garantizando el proyecto, sí o sí, para el año 2010. Ya se encargaban ellos de que eso fuera así, que para eso los socialistas controlaban todo el poder en todas partes: Zapatero en el Gobierno, Rivas en el Ayuntamiento y José María Barreda en la Junta de Comunidades. Aznar fue un trolero incumplidor, pero ahora nada podía fallar y, según prometió Rivas, el AVE llegaría en 2010 "a toda leche" a Talavera y más allá. Pero nunca más se supo: además de las hemerotecas, hay un bonito vídeo circulando por ahí en el que todo esto se puede comprobar incluso hoy, octubre de 2018, once años después de confirmarse la primera mentira y diez después de la segunda, aunque tal vez ya no sea necesario. Hoy tenemos suficientemente acreditado el hecho cierto de que mi amigo Urtiaga siempre llevó razón y todavía hoy la realidad y la vida no le han desmentido: 2018 sigue todo empantanado.

Así pues, a la impresentable estafa del AVE que los talaveranos se tragaron se suma todos estos años la vergüenza indiscutible de que los trenes de mierda de la línea de Talavera y Extremadura siguen viviendo en el atraso, la apatía y el absoluto desinterés de quienes tienen la obligación de hacerlos funcionar, y así la experiencia de utilizar estos servicios se convierte en un desesperante viaje al pasado y a la indignación que producen el abandono y el olvido, esa trágica sensación de que a nadie le importa nada una vez metidos en este túnel del tiempo. Trenes basura para Talavera: no sólo no llegó nunca el tren del siglo XXI sino que, además, el ferrocarril vigente es del siglo XIX. Y ahora, tal que ayer, otro presidente, Pedro Sánchez, vuelve a prometer el AVE para talaveranos y extremeños y soluciones para el decimonónico tren que corretea por esta línea, pero ya nadie da ni un duro ni un voto por este tipo de compromisos. Nadie se cree ya nada por aquí y sólo la verdad de los hechos puede convencernos. Mi buen amigo del alma Pedro López Gayarre ya ha contado aquí magistralmente esta historia de los trenes talaveranos, esa manía de llevarnos siempre por detrás, de manera que a estas alturas del siglo y de la vida la lección la tenemos más o menos aprendida. Que nadie venga nunca más a contarnos estas milongas y menos "a toda leche" en campaña electoral: eso aquí ya no suma nada y lo resta todo.

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