RAÚL CONCE, EN EL MUNDO

Un importante columnista descubre "la vía Page" del PSOE nacional

Emiliano García-Page y Albert Rivera tras una reunión de ambos en 2017 en el Palacio de Fuensalida
Emiliano García-Page y Albert Rivera tras una reunión de ambos en 2017 en el Palacio de Fuensalida

Por su interés y actualidad ofrecemos íntegro el artículo que este sábado ha publicado Raúl Conde en El Mundo, en el que nos descubre "la via Page" del PSOE nacional y los intereses políticos comunes del presidente castellano-manchego y Albert Rivera. Un artículo muy didáctico y recomendable.

La vía Page

Con Susana Díaz en trance de congelación tras caer en Andalucía, y toda vez que Ximo Puig debe en gran medida su reelección al viento de cola de Pedro Sánchez, los únicos barones críticos que mantienen en el PSOE su potencia de fuego después del 26 de mayo son Guillermo Fernández Vara Emiliano García-Page. Sin embargo, mientras el primero recompuso su relación con la dirección socialista tras las primarias, el segundo sigue marcando distancias. Lo hizo tras la crisis del relator y lo ha vuelto a hacer ahora tejiendo una alianza con Ciudadanos cuya onda expansiva cruza el Tajo para colarse en Madrid.

Que Rivera haya elegido esta región para firmar el único pacto global con el PSOE mientras mantiene el veto al presidente del Gobierno responde a una conjunción de intereses. El viejo Andreotti decía: "Hay dos tipos de locos: los que se creen Napoleón y aquellos que se creen capaces de sanear la red de ferrocarriles del Estado". El presidente de Cs aspira a ser el Napoleón de eso que Aznar llama centroderecha. A Rivera, el acuerdo en Castilla-La Mancha le permite agitar un señuelo para resistir en su contumaz no es no a Sánchez. A Page, en cambio, le procura gobernar con comodidad en todas las capitales y diputaciones. Pero, sobre todo, le facilita erigirse en la figura con más proyección de las facciones del PSOE que no comulgan con Ferraz. Mientras sea presidente, la autoridad interna de Sánchez será incuestionable. Pero el líder de Cs trata de abrir grietas, y esto explica su sintonía con los socialistas castellano-manchegos.

Un acuerdo que lleva el sello de Bono -bien relacionado con Rivera-, cimentado en las concomitancias en la visión de ambos sobre el problema de Cataluña y en la cómoda cohabitación con un PSOE que en la tierra del Quijote y del Arcipreste de Hita agita un regionalismo de raíz españolista. Recuperación de los servicios públicos, escuela concertada, moderación fiscal, vinculación con las raíces culturales y unos tentáculos armoniosamente trabajados a lo largo de cuatro décadas de hegemonía autonómica. Todo ello le permite a Page controlar en esta legislatura un océano de poder territorial en Castilla-La Mancha. Este bagaje, unido a la señal que envía abriéndose a colaborar con la derecha liberal, decanta su visión centrista -tras zamparse a Podemos- y rubrica el alcance nacional de sus miras políticas.

Raúl Conde. Periodista

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