19 de octubre de 2019
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"HEMOS ECHADO DE MENOS UN MAYOR RESPALDO"

El ninguneo de Pablo Iglesias al castellano-manchego García Molina acapara el interés de la prensa nacional

José García Molina (i) y Pablo Iglesias (d) en una imagen de arrchivo
José García Molina (i) y Pablo Iglesias (d) en una imagen de arrchivo

El ninguneo al que ha sometido durante la campaña electoral el líder nacional de Podemos, Pablo Iglesias, al secretario castellano-manchego del partido morado y candidato a la Presidencia de la Junta, José García Molina, ha llamado la atención de la prensa nacional. El periodista Raúl Piña firma este sábado en El Mundo un reportaje titulado "José García Molina, el vicepresidente olvidado por Pablo Iglesias", que incluye párrafos como los siguientes:

García Molina es el mayor cargo institucional de Podemos. Es vicepresidente de la Junta de Castilla-La Mancha, desde verano de 2017. Gobierna en coalición con el PSOE de Emiliano García-Page. La situación que ahora quiere calcar la dirección nacional de Podemos. Pero Pablo Iglesias no ha visitado al líder de Castilla-La Mancha. No sólo no ha compartido acto alguno con él, sino que no ha visitado la comunidad. Ni en la precampaña y campaña de las elecciones generales ni ahora. El respaldo se ha limitado a un tuit protocolario en las redes sociales. Ha delegado en Irene Montero, que visitó Toledo el 12 de abril, o en Pablo Echenique Ione Belarra en actos de precamapaña.

«Hemos echado de menos un mayor respaldo desde Madrid. Que se hubiera puesto más en valor nuestra posición y nuestro trabajo. No dejamos de ser un ejemplo de lo que quiere ahora Podemos», explica García Molina apurando un café antes de afrontar tres entrevistas en apenas una hora. «Un poco más de cariño, de atención, porque además las cosas han salido bien. Se han aprobado el doble de leyes desde que entramos en el Gobierno».

El reportaje, además, se apunta al motivo del distanciamiento entre Iglesias y García Molina, que no es otro que la convocatoria en Toledo, por parte del segundo y sin conocimiento del primero, de una cumbre con los secretarios autonómicos de Podemos para solicitar a la dirección nacional la descentralización de la toma de decisiones en el partido en un momento crítico para la formación, justo cuando Íñigo Errejón decidió emprender su camino en solitario para concurrir a las elecciones en la Comunidad de Madrid.

En los pueblos castellanomanchegos abrasados por el sol de mayo, el personal de Podemos está caliente con sus jefes. Con «el matrimonio», como llaman a Pablo Iglesias e Irene Montero. «Es un canteo que no haya venido Iglesias», se queja un miembro del partido. «Es un castigo a José», denuncia en un pueblo otro miembro de la formación.

Se refiere a que García Molina fue el anfitrión del cónclave de los barones de Podemos que se reunió en plena crisis de Podemos por la fuga de Íñigo Errejón. Aquella cita supuso un punto de inflexión en el partido, porque se estructuró un contrapoder. Recientemente, horas antes de la reunión del máximo órgano de dirección tras las generales, algunos barones volvieron a reunirse. También estaba Molina, que se ha convertido en un rostro periférico con perfil propio más allá del núcleo duro de Iglesias.

Aspira a tener músculo suficiente para forzar al PSOE a cogobernar. Ser otra vez el espejo en el que se mire Iglesias, aunque no quiera.

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