17 de octubre de 2017
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LA COMARCA, EN UNO DE SUS PEORES MOMENTOS

Entrepeñas y Buendía se secan, de agua y vecinos, y sin alternativa de desarrollo

La comarca ribereña de Entrepeñas y Buendía vive uno de los veranos más secos desde que esta infraestructura hidráulica existe, una situación cíclica que se agudiza por la climatología y el trasvase, que se ha llevado el agua, la actividad y la población en las últimas décadas.

El embalse de Entrepeñas se encuentra al 11 por ciento de su capacidad y la sequía está haciendo mella en esta comarca que no se cansa de reclamar la misma agua para desarrollar su zona que para el Levante.

"Estamos en una situación límite, como la que tuvimos en 2015 solo que entonces fue en noviembre y ahora es en agosto y quedan muchos meses hasta que llueva", apunta a Efe el presidente de la Asociación de Municipios Ribereños y alcalde de Sacedón, Francisco Pérez Torrecilla.

Señala que ya hay problemas en el sistema de elevación del agua debido a su escasez y que son varios los municipios que son abastecidos por cisternas, el último Córcoles.

Resulta irónico, reconoce, cuando no dramático que año tras año los municipios de la zona ribereña tengan que ser abastecidos por cisternas como este verano Mantiel, Cereceda y Chillarón, este último a las mismas orillas del pantano y con problemas de abastecimiento todo el año.

Crisis económica y del agua


El alcalde y vecinos de Sacedón como José Antonio Vargas, propietario de una empresa de actividades náuticas en Entrepeñas, llevan años alertando de la situación y "viviendo hipotecados de un año para otro en función de si llueve o no" y sabiendo que el trasvase no tiene fecha de caducidad a corto plazo.

"A la crisis económica a nosotros se nos ha sumado la crisis del agua", señala Vargas, quien recuerda los inicios de su empresa familiar, dedicada a la venta, reparación, mantenimiento y alquiler de barcos. La puso en marcha su padre hace 40 años y "llegaban 30 y 40 autocares cada semana al pantano".

"Todo ese crecimiento urbanístico que hubo de segundas residencias en la zona y de gente que venía cada fin de semana de Madrid es lo que se han llevado por los tubos", señala Vargas hablando del trasvase al Levante.

Pese a todo, en Entrepeñas hay entre 500 y 600 barcas censadas "que es un dato significativo para cualquier puerto, pero la mayoría están en seco", asegura.

Este empresario del sector naútico afirma sobrevivir gracias a que las inversiones de su empresa ya están realizadas y a que "cuando llegan años buenos, como el 2010 y el 2011, en los que llegamos al 70 por ciento, la gente viene y se nota la actividad".

Es una prueba de que el agua supone desarrollo y riqueza en esta comarca al igual que lo hace en Levante, resalta.

"No tenemos alternativa"



En esta línea, el alcalde de Sacedón recuerda que con la construcción del embalse "se nos planteó otro tipo de economía que era la esperanza para el desarrollo de la zona" y comenzaron a construirse urbanizaciones, restaurantes y hoteles alrededor de una zona con un potencial turístico que en los años 80, con el trasvase, desapareció.

"El problema es que no tenemos alternativa. Agricultura no tenemos porque los terrenos agrícolas de las vegas los cubrió el embalse, el turismo se ha ido al no haber agua y no hay industria. Y no es fácil cambiar de un modelo a otro y menos sin ayudas", dice el primer edil, quien afirma que la situación se nota ya en el descenso de población de su municipio, que ha pasado de 2.000 a 1.500 habitantes en la última década.

"Único argumento"



Más allá de la situación de la cuenca cedente, informes científicos y e la UE señalan el impacto negativo medioambientalmente del trasvase, a lo que se suma el rechazo social y político más allá de la cuenca receptora por lo que, como señala el profesor de Economía Aplicada de la UNED, Enrique San Martín, el único argumento para mantenerlo es justificar su rentabilidad económica.

Este economista ha elaborado una tesis sobre la gestión de los ríos, en concreto del trasvase Tajo-Segura, en la que afirma que "no es rentable" económicamente y nunca lo fue.

San Martín se enfrenta a lo que llama 'hidromitos' como que toda obra hidráulica es positiva y tiene rentabilidad económica y recuerda que "este dogma de fe" nunca se ha analizado ni demostrado.

"No es rentable si solo le salen los números a la cuenca receptora y no le sale al conjunto del país porque lo pagamos entre todo y es en ese análisis global cuando no salen los números", afirma a Efe este profesor universitario, que apunta que la planificación de esta infraestructura se proyectó en los años 30, cuando España era básicamente agrícola y con una perspectiva de trasvasar mil hectómetros cúbicos de agua.

"El trasvase se hizo para trasvasar a Levante, y a la zona del Alto Tajo se le justificó hacer el embalse en base a unas expectativas de desarrollo turístico que no se han cumplido", afirma y asegura que se ha llegado a una espiral de insostenibilidad que no se resuelve con un Plan nacional del agua porque apuesta por la misma fórmula pero, en ese caso, en el Ebro

Otro 'hidromito' es que hay agua excedentaria en unas zonas: "no es así, es una gestión insostenible que pueden durar un tiempo pero no eternamente". Y menos aún con el cambio climático y la previsión de años cada vez más secos, afirma.

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