LA JUNTA QUIERE AVANZAR EN LA DESESCALADA

Luces y sombras de Castilla-La Mancha para afrontar la fase 1: vamos mejor pero seguimos entre los peores

El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, charla con el consejero de Sanidad, Jesús Fernández Sanz El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, charla con el consejero de Sanidad, Jesús Fernández Sanz

Castilla-La Mancha ya piensa, y así se lo ha solicitado este miércoles al Ministerio de Sanidad, en pasar el próximo lunes 11 de mayo a la fase 1 de la desescalada, que permitirá las reuniones sociales de hasta diez personas respetando la distancia física, la apertura del pequeño comercio y de las terrazas de hostelería (con una ocupación máxima de hasta el 50 %) o el alojamiento en hoteles y alojamientos turísticos sin hacer uso de las zonas comunes. 

Desde el Gobierno que preside el socialista Emiliano García-Page se insiste en que la región al completo cumple con los requisitos exigidos para relajar un poco más las medidas de confinamiento pese a ser una de las comunidades más afectadas de España por la pandemia del COVID-19. Dentro de lo que supone una tragedia de esta magnitud hay indicadores positivos para pensar en el retorno progresivo a la "nueva normalidad"... pero otros son ciertamente preocupantes.

Según ha explicado el consejero de Sanidad castellano-manchegoJesús Fernández Sanz, el Ejecutivo autonómico cimienta su petición de avanzar a la fase 1 o "inicial" en dos hitos relevantes: el promedio del crecimiento de casos de COVID-19 detectados en Castilla-La Mancha es negativo (-12,5 %) y el nivel de contagio de persona a persona ha bajado de 1,4 a 0,5, por lo que la pandemia ha pasado de un proceso de expansión a uno de extinción.

Además, la Junta dice tener la capacidad suficiente como para disponer, en caso de que sean necesarias en un supuesto rebrote de la enfermedad, de 427 camas para pacientes críticos con respirador y de otras 108 sin respirador (2,67 por 10.000 habitantes), mientras que tiene acceso a 8.172 camas ordinarias (40,84 por 10.000 habitantes), ambos indicadores por encima de lo que ha pedido el Ministerio, que considera indispensable para dar el 'ok' que las comunidades puedan instalar en un plazo máximo de cinco días entre 1,5 y dos camas de cuidados intensivos (UCI) y entre 37 y 40 camas para enfermos agudos por cada 10.000 habitantes.

 
La realidad es que la propagación de la pandemia está bastante contenida en Castilla-La Mancha en relación a las semanas anteriores. Por ejemplo, en lo que llevamos de semana la media diaria es de 27 fallecimientos, cuando en los peores días de la crisis sanitaria rondaban los 90. Además, los positivos diarios detectados de media esta semana no llegan a 300, cuando en las peores jornadas de la crisis superaron los 800.
 
También hay que recordar que en el "pico máximo" llegaron a utilizarse 360 respiradores en toda la región, frente a la media de 120 de esta semana, y que la cifra de pacientes hospitalizados sigue bajando día a día: de los 3.225 ingresados el pasado 31 de marzo hemos llegado hasta los 679 de este miércoles. La presión asistencial en los centros sanitarios castellano-manchegos sigue siendo alta pero ni mucho menos comparable a la de las jornadas de máxima actividad, alcanzadas a finales de marzo y primeros de abril.
 
Pero no todo, ni mucho menos, es de color de rosa para afrontar la fase 1 de la desescalada en Castilla-La Mancha. Con los últimos datos conocidos este miércoles, que han indicado un significativo repunte en el número de contagiados (510) y otro menos pronunciado en el de fallecidos (31), nuestra región sigue 9 puntos por encima de la media española en incidencia acumulada de la enfermedad, con 53,67 casos por cada 100.000 habitantes. El último incremento diario de positivos ha llegado al 0,40 por ciento en Castilla-La Mancha, cuando en el resto de España se ha quedado en el 0,31 %.
 
Además, en las últimas 24 horas, Castilla-La Mancha ha registrado 40 nuevos ingresos en sus hospitales de pacientes enfermos por COVID-19, lo que supone el crecimiento más alto de lo que llevamos de mes de mayo y la quinta cifra más elevada del país, solo por detrás de Cataluña (340), Madrid (180), Castilla y León (93) y País Vasco (45). En las UCIs castellano-manchegas, durante la última jornada, han ingresado a 3 nuevos pacientes con coronavirus, cuando hasta en 8 comunidades (además de Ceuta y Melilla), la cifra se ha reducido a cero.
 
Castilla-La Mancha, en términos absolutos, tanto en número de contagiados (22.166) como de fallecidos (2.647) es la tercera región más afectada de España, solo superada por Madrid y Cataluña. Y, por desgracia, la comunidad castellano-manchega es donde más letal se ha mostrado el COVID-19 en relación a su población, con 129 muertos por cada 100.000 habitantes a causa de esta pandemia, seguida muy de cerca por la Comunidad de Madrid.
 
La región castellano-manchega también es la peor de España, aunque en este caso de manera muy destacada, si tenemos en cuenta la relación entre número de contagiados y de curados por coronavirus. A fecha de hoy, por cada cuatro infectados en Castilla-La Mancha solo uno de ellos ha logrado superar la enfermedad, mientras que la media nacional es de un curado por cada dos positivos.
 
Con todos estos datos, unos más optimistas que otros dentro de lo que supone una tragedia de estas características, Castilla-La Mancha espera obtener el visto bueno del Ministerio de Sanidad para afrontar desde el próximo lunes 11 de mayo la fase 1 de la desescalada. La decisión se conocerá en breve pero, sea como sea, los ciudadanos debemos entender que el coronavirus sigue entre nosotros y la responsabilidad social, cumpliendo con todas las medidas de seguridad recomendadas, es la única receta disponible por el momento para frenar la expansión del COVID-19 y evitar un rebrote que sería catastrófico a nivel sanitario y económico.
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