Blog de Lecturas

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Pedro L. Gayarre

Edmondo de Amicis. Recuerdos de Londres y París.

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Edmondo De Amicis

Edmondo De Amicis (Oneglia, Imperia, 1846 - Bordhiguera, Italia) es conocido fundamentalmente por su novela 'Corazón' (1886), el diario de un niño en la escuela que ha sido usado como manual escolar de lectura durante décadas en muchos países. En él se interpola la narración 'De los Apeninos a los Andes', que ha alcanzado con sus múltiples adaptaciones cinematográficas entidad propia. Pero De Amicis fue primero militar y durante toda su vida un impenitente viajero que nos ha dejado un buen puñado de libros de viajes: 'España. Un viaje en tiempos de Amadeo I' (1873), 'Holanda' (1874), 'Marruecos' (1876), 'Constantinopla' (1878) y estos 'Recuerdos de Londres' (1874) y 'Recuerdos de París' (1879) que aquí se agrupan en una edición al cargo de Francisco Javier Jiménez.

La visión de Londres que nos presenta el autor de 'Novela de un maestro' (1890), 'Amor y gimnasia' (1892) y la citada 'Corazón' es la de la gran metrópoli que en aquellos momentos anticipa lo que serán las grandes urbes del siglo XX, los trenes elevados, el metro, el túnel bajo el Támesis, las calles abarrotadas de peatones y carruajes que bullen y abruman al visitante, los barrios periféricos, el puerto y sus docks interminables donde atracan los barcos mercantes de todo el mundo, la vida nocturna de las cervecerías, los suburbios en los que todavía se reconoce el mundo de Dickens… En fin, el deslumbramiento de una ciudad que rompe los límites del espacio urbano tradicional y sobrepasa la capacidad de asimilación del viajero que comienza su viaje con una travesía del Canal de La Mancha, que todavía tiene todo el sabor de la vieja aventura que siempre fue abandonar el continente. Es un Londres en el que el viajero parece a veces sobrepasado por sus dimensiones y el pálpito de la nueva vida que corre por sus calles. Londres representaba la nueva dimensión de ciudad y De Amicis se rinde a la potencia de las imágenes que desfilan ante él en sus desplazamientos a caballo de los nuevos medios de transporte que se imponen en la ciudad. Y en esa ciudad, a veces, el viajero también saca su vena romántica y se siente atrapado por el agobio de un día de lluvia que le sobrepasa y agota: “Quien no ha visto llover en Londres, no ha visto Londres. Y yo tuve ese placer el día que fui a ver el túnel bajo el Támesis. Entendí entonces como, con aquel tiempo, se pueda sentir la tentación de dispararse un tiro. Las casas gotean, como si sudaran; el agua no parece solamente que baje del cielo, sino que trasude de las paredes y suba de la tierra; los colores de las casas se hacen más oscuros y adquieren una apariencia aceitosa; las entradas de las callejuelas parecen entradas de grutas; todo parece sucio, lleno de moho, siniestro, aburrido; la mirada no sabe adónde dirigirse que no encuentre algo desagradable; se sienten escalofríos que causan la impresión de un malestar imprevisto; se nota una molesta sensación de cansancio, un horror hacia todo, unas ganas impresionantes de desaparecer como un relámpago de un mundo tan aburrido” (página 40).

En cuanto a la visita a París, el relato está supeditado a la descripción de la gran Exposición Universal y el viajero se pierde en una descripción de la gran novedad que a uno, la verdad, no le llega. Solo al final, cuando De Amicis centra su mirada en la impresión que después de un mes de estancia le deja el carácter de sus habitantes y la vida de la ciudad, la narración remonta el vuelo. En cuanto a los dos encuentros que tiene con los dos grandes escritores del momento, mientras que son decepcionantes las páginas que como rendido admirador dedica a Victor Hugo, merece la pena la lectura de su entrevista con Emile Zola, en la que consigue un retrato vivo del escritor. Impagable el detalle con el que Zola desvela los secretos de su método de escritura y buena parte de las claves de algunas de sus principales obras. Dos testimonios en las antípodas del interés para el lector.

Edmondo de Amicis. Recuerdos de Londres y París. Edición de Francisco Javier Jiménez y traducción de María del Mar Velasco. Editorial Páginas de espuma, 2008. Biblioteca Municipal José Hierro de Talavera de la Reina.

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