Buenos Humos

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Pedro L. Gayarre

El hombre nuevo en Novés

Íbamos a salir de la pandemia justos y benéficos como decretaba para los españoles de ambos hemisferios la Constitución de Cádiz, pero por lo pronto hemos vuelto a las andadas y una médico en el toledano pueblo de Novés ha renunciado a su puesto por amenazas. La  enfermera que la acompañaba en la consulta ha solicitado la baja médica.

Los médicos, las enfermeras, los auxiliares, los celadores y todo el que trabajaba en un hospital eran héroes proclamados con la rara unanimidad de los grandes sucesos. A las ocho de la noche se les aplaudía desde los balcones y la gente derramaba lágrimas de emoción mientras cantaba con la música del Dúo Dinámico. Cada día, un cuarto de hora después uno sentía haber asistido a una catarsis de aquellas con las que los atenienses del siglo de Pericles purificaban su espíritu tras haber acudido al teatro a ser parte de una tragedia. Se prometía el hombre nuevo porque nada volvería a ser igual tras la pandemia y el confinamiento. Apenas tres meses después, vuelven las amenazas a los médicos que se niegan a recetar a la carta y a gusto del cliente. Lo mismo ocurre en las oficinas de farmacia donde solicitar la receta médica pertinente se convierte en una ofensa para el cliente que siempre  tiene razón. Vuelven las cosas a su ser de siempre y el hombre nuevo renacido en los balcones se difumina en la niebla del tiempo y del olvido de lo pasado porque ya se sabe que el olvido es una terapia imprescindible contra el virus latente diabólico que es la memoria.

Íbamos a salir redimidos del pecado original de humanidad pero algunos olvidaron que en ello andan los cristianos desde hace dos mil años y no hay manera. El hombre nuevo, regenerado y renovado en su ser por las predicciones de los ingenieros de almas, vuelve a las andadas y donde había héroes, vuelve a haber profesionales que recetan sobre la enfermedad que uno tiene y no sobre los deseos convulsivos de un consumidor, acostumbrado a los lineales de un supermercado de medicamentos siempre a su alcance. Ya lo decían también algunos de los que se la  jugaban: menos aplausos y más respeto y reconocimiento social. Lo mismo que claman los maestros y tantos servidores públicos: menos literatura lacrimógena, menos aplausos y más apoyo cuando el diagnóstico y la medicina sobre el enfermo o sobre el alumno, no coincide con las pretensiones del que acude a una consulta para  oír sólo aquello que le conviene.

La renuncia de la médico de Novés y la baja médica de la enfermera es algo más que una anécdota tras una pandemia que algunos vieron como la purificación definitiva del alma  humana. De héroes a villanos. Así es la cosa. Hay que joderse.

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