Buenos Humos

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Pedro A. López Gayarre

Joselito obra un milagro laico

Lo de José Gómez Ortega “Gallito” tiene arte y duende como no podía ser de otra forma en todo lo que tiene que ver con el monstruo de Gelves. Joselito ha conseguido lo que ningún torero, del Cordobés para acá, había soñado lograr. De la misma manera que Manuel Beniítez llevó a las plazas de toros a los que no les gustaban los toros, el genial Joselito ha logrado convertir a un puñado de antitaurinos talaveranos en los más ferviente admiradores de un torero que se llevo por delante cerca de un millar de toros. El milagro de la conversión de los antitaurinos tiene mérito, casi tanto como aquel milagro de Caracol “el del bulto” en un hotel de Madrid con un ascensor que prometía arreglar y después de pedir silencio y tranquilidad en su ciencia a los compañeros de viaje, acabó con un ¡Socorro! que todavía se oye en la Gran Vía.

Para conmemorar el centenario de la muerte de Joselito, “El Príncipe del toreo”, se habían preparado diversos actos, que como tantas cosas, la pandemia se llevó por delante. Madrid y Sevilla, suspendieron las muestras que tenían preparadas o cuando unos pocos de ellos se celebraron la mayoría pasaron sin pena ni gloria. Talavera tenía programados un buen puñado de eventos que tenía como centro el mes de mayo y el día dieciséis, segundo día de feria. No pudo ser y ahora el Ayuntamiento, el Club taurino y sorprendentemente un buen puñado de antitaurinos, se han sumado gozosos a la celebración, han ensalzado la figura de Gallito, han recuperado la vida de la ciudad provinciana que era Talavera al final de la segunda década del siglo XX y en definitiva se han volcado en demostrar el efecto taumatúrgico del torero de Gelves.

Uno, que es un aficionado del montón, al que le gusta hablar de toros, pero no le  gustan los encierros, ni los espectáculos cómico-taurinos, ni los toros de pueblo, y le gusta el toreo bueno, con toros de verdad, lo haga quien lo haga, se ha puesto muy contento al ver que, al contrario de lo que ocurre desgraciadamente en muchas partes de España, en Talavera de la Reina buena parte de esa intelectualidad que hasta anteayer, sin centenario, ni celebraciones, ni ediciones de libros, ni conferencias, ni exposiciones a la vista, le ha faltado tiempo para poner sus saberes al servicio de la causa. Uno la verdad, no cabe de gozo. Ya se sabe aquello tan evangélico del gozo que produce un pecador arrepentido en el reino de los Cielos. Ya  digo, otro milagro de Joselito. Bienvenidos. No sobran fieles.

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