20 de septiembre de 2019
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Buenos Humos

Buenos Humos

PEDRO A. LÓPEZ GAYARRE

Ciudadanos no ha engañado a nadie

Desde el primer momento en que Juan Carlos Girauta se convirtió en un toledano más, ni en una sola de sus declaraciones ocultó su querencia por Emiliano García-Page. Rara era la comparecencia ante la prensa en la que, como Emiliano, no sacara a relucir las políticas de Cospedal y considerara a Paco Núñez como su heredero natural. Sólo le faltó preguntar al nuevo presidente del PP en CLM si la nombraría presidenta de honor del PP. Eso sí, en cuanto pasó la campaña de las generales, Juan Carlos Girauta desapareció y, durante la campaña de las locales y autonómicas, paradójicamente, solo se abrió paso el discurso de Rivera con el PP como “opción prioritaria”. Cualquier ciudadano mínimamente informado sabía a qué atenerse. Dudo de los que ahora dicen que Ciudadanos ha engañado a su electorado en CLM con los pactos de las tres capitales y estoy seguro de que, si García-Page hubiera necesitado sus votos para ser presidente, tanto a nivel regional como nacional, en la dirección de Ciudadanos no habrían tenido ninguna duda. Así que yo dudo de que los que votaron a Ciudadanos a nivel municipal o regional no sabían lo que hacían. La gente no es tonta.

Estaba claro que al discurso de bisagra y centro político por encima del bien y del mal de Rivera la venía muy bien un Emiliano García-Page para demostrar que su alma es socialdemócrata, al menos por las mañanas, pero no es sanchista ni siquiera por las tardes. Y en esas han andado. Ya tienen un argumento para contrarrestar lo del tripartito andaluz y las posibles alianzas en parlamentos regionales como Castilla y León. Rivera no tuvo la ocasión de demostrar que su PSOE es el de Emiliano, por la mayoría absoluta obtenida, pero no ha dudado en convertirlo en su “opción prioritaria” a nivel municipal.

Y en esto de los pactos de las tres capitales que algunos han visto como la prueba del nueve de la “veleta naranja”, uno ve simplemente la lógica humana de la vida de los partidos. Un partido sin poder es una máquina vacía. El militante, el afiliado con aspiraciones políticas, necesita tocar pelo, aunque sea como concejal delegado del cementerio municipal. Lo que quema no es el poder, es el desierto de la oposición. En Ciudad Real y en Albacete, donde esos aspirantes a concejales pensaban simplemente en ejercer de bisagras, se han encontrado con el premio gordo, aunque sea a medias, de la alcaldía. Estarán en el asa de la caldera, que es lo que cuenta. Es humano y lo natural cuando uno decide hacer política, porque el poder es el único combustible con el que funciona un partido.

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