Buenos Humos

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Pedro A. López Gayarre

Un nacimiento en La Jara

En La Estrella de la Jara ha nacido un niño. Hacía cuarenta y cuatro años que un suceso tan natural como ese no ocurría. En realidad hay que decir que el niño, como todos los niños desde hace muchos años en España, nació en un hospital. Los últimos niños que nacieron en casa en España fueron los de los años sesenta y primeros setenta del siglo pasado. Era lo natural. Si alguien del medio rural nacía en un hospital era porque la cosa no venía bien o porque se podía permitir parir en un hospital. Lo normal era que el médico del pueblo, supervisara el embarazo, y luego, si todo venía como Dios manda, fueran el practicante y una comadrona los que asistieran a la parturienta. Si el médico tenía que aparecer, mala señal. Claro, que si se miran las tasas de mortalidad postparto y neonatales de la España de antes del cincuenta y tres se ve la gran diferencia con la época actual. Desde los setenta nadie paría en casa y, aunque en los últimos tiempos ha habido un movimiento que aboga por el parto en el propio domicilio, la  corriente es todavía muy minoritaria.

Hasta hace también pocos años, los niños que nacían en los hospitales tenían que ser inscritos en el Registro Civil al que perteneciera el hospital. Así hay una generación de habitantes de los pueblos, que a pesar de siempre haber vivido allí, llevan en el DNI el nombre de la capital de provincia o de comarca en él. Esa ley fue modificada y hoy esos nacimientos se inscriben en el municipio en el que está el domicilio de los padres. Desde entonces ya los niños nacen en su pueblo aunque lo hagan en un hospital a unas cuantas decenas de kilómetros. El problema es que los niños dejaron de nacer y las páginas de los libros de nacimientos y de bautismos en las durarán siglos en los Juzgados de paz y las Parroquias de los pueblos.

Los habitantes de La Estrella de la Jara, tras casi medio siglo, asisten atónitos al nacimiento de un niño, un hilo de débil esperanza que se amortiza ante la dura realidad de las cifras: Doscientos veinticinco habitantes, con un ochenta y cinco de ellos mayores de setenta años. El nuevo niño es hijo de temporeros portugueses asentados en el pueblo. La Estrella llegó a sobrepasar los dos mil habitantes. Por mucha alegría que todos los habitantes tengan, no se engañan y saben cuál es el futuro de su pueblo. El mismo que el de tantos.

Un niño ha nacido en un pueblo de la Jara y eso es noticia y además alegre en los tiempos que corren. Está todo dicho.

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