Buenos Humos

Buenos Humos

PEDRO A. LÓPEZ GAYARRE

Un aeropuerto en las nubes

No me lo creo. Permítanme que dude, pero han sido tantas las veces en que nos han vendido la próxima apertura y la puesta en marcha del aeropuerto de Ciudad Real, que ahora no me lo creo. Espero que dentro de diez años, si es que estamos aquí, pueda escribir un artículo contando las excelencias de la instalación. Hasta ahora, una y otra vez, cada vez que uno ha escrito sobre el dichoso aeropuerto, ha sido, hablando en plata, una cagada. Me da vergüenza mirar mi archivo. Una y otra vez me la han colado, como se la colaron al noventa y nueve por ciento de los periodistas de la región con aquellos supuestos estudios que convertían al aeropuerto Don Quijote en la alternativa al Barajas saturado y la base de entrada y salida a Europa de los vuelos de América, África, Asia y el total de las tierras desconocidas. Sólo les faltó vendernos que de Ciudad Real partirían los vuelos espaciales a la luna.

El otro día los representantes de la Administración concursal firmaron ante notario las escrituras de compraventa a la compañía Ciudad Real International Airport  (CRIA), que suena muy bien y que ha asegurado que el aeropuerto estará en pleno funcionamiento en el primer mes del año que viene una vez que obtengan la licencia de AENA y que sus instalaciones tendrán un uso industrial en el que la mayor parte de la actividad irá dedicada al mantenimiento de aeronaves y al transporte de mercancías, con previsiones de carga de 1.500 a 2.000 toneladas semanales, una cifra que uno no acierta a saber qué significa en número de vuelos diarios.

Lo que resulta increíble, muchos años después de continuas decepciones, es comprobar cómo en aquel tiempo era posible movilizar los recursos, institucionales, financieros, sociales… que se pusieron en marcha detrás de un proyecto que carecía absolutamente, según se ha comprobado después, del más mínimo plan de viabilidad. Ni Barajas necesitaba un aeropuerto suplementario a cien kilómetros, ni nadie había reclamado un aeropuerto que supuestamente resolvería todos los problemas de tráfico aéreo a toda España. Todo era tan gaseoso como las nubes. En fin, tiempo de milagros en los que se pensaba que las Cajas de Ahorro eran un pozo sin fondo al servicio de los intereses y las ocurrencias del primer arbitrista que tenía una idea genial para ponernos a la cabeza del desarrollo en la España de las diecisiete autonomías.

Y es que el caso del aeropuerto Don Quijote, luego Madrid Central, o como lo pretendieran llamar, y ahora Ciudad Real a secas, no es único ni mucho menos, como muestra de aquella España milagrosa en la que surgían aeropuertos, universidades y sociedades públicas como por ensalmo. Dentro de diez años prometo solemnemente contar lo bien que funciona, ya digo.

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