Buenos Humos

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Pedro A. López Gayarre

Emiliano, un malo de spaghetti-western

A Emiliano García-Page, don Pablo Iglesias le ha puesto el cartel de malo de película del oeste, de aquellas que se rodaron en Almería cuando Clint Eastwood moceaba y tomaba nota de los movimientos de cámara de don Sergio Leone. La trilogía del dólar de la mano del maestro italiano y con don Ennio Morricone al frente de la orquesta, relanzó un género que se despeñaba hacia el tópico desde que el maestro John Ford tiró la toalla. Eran los tiempos en que Almería y toda España se había convertido en un plató de la mano de los Samuel Broston, Orson Welles, Emiliano Piedra y compañía, y ahí está ese cementerio del Oeste americano en plena provincia de Burgos para contarlo. “Il buono, il brutto, il cattivo”; Clint Eastwood, “El rubio”, Lee Van Cleef, “Sentencia” y Eli Wallach, “Tuco” pasaron a formar parte del imaginario colectivo.

Pero aquellos, buenos, feos y malos de las películas de ayer, tienen hoy en nuestro recuerdo, más de nostalgia que de otra cosa. Nadie se cree el papel que dicen y hacen en su película. Y eso mismo pasa con esa asignación forzada de papeles que el vicepresidente del ramo de la nada ha hecho con el reparto. Se ha adjudicado el papel de “El feo”, le ha dejado a Fernando Simón el de don Clint Eastwood y luego le ha largado a Emiliano el de ese malo de película de serie B, sin darse cuenta de que los mejores papeles en esas películas son los de malo, y ahí está Eli Wallach para confirmarlo.

Y no es que don Pablo no tenga motivos para colocarle el papel de malo a Emiliano, porque tras la experiencia con el tercero de los Molina tiene argumentos más que fundados para adjudicárselo, a pesar de que es consciente que Page se limitó a nombrarle vicepresidente y a darle todo aquello que le pidió. Si luego Molina se volatilizó y nunca supo con quien se jugaba los cuartos no fue culpa precisamente de Emiliano. La experiencia del primer gobierno de coalición en el que tocaban poder los de Podemos fue una cagada histórica y monumental.

Lo que sí ha quedado claro es que Pablo Iglesias tiene un problema con la posibilidad de que otro PSOE distinto al de Pedro Sánchez sea posible y que se siente muy a gusto haciéndole la rosca a su señorito. Claro, que cualquiera tiene un mal día, y unas horas antes García-Page se había manifestado contra el indulto de los golpistas y habló de la posibilidad de ridículo histórico para su propio partido el día que vuelvan a intentarlo. Que lo harán sin ninguna duda.   

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