Buenos Humos

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Pedro L. Gayarre

Goyo Benito, una leyenda de Puente del Arzobispo

Le ha tocado la china del coronavirus, aunque desgraciadamente hace años que le había tocado la de una enfermedad aún más cruel, si es que en esto de las enfermedades, las plagas y las epidemias hay alguna benéfica. Sufría el mal de Alzheimer, algo que no es exclusivo de gente muy mayor. Gregorio Benito Rubio, el defensa central que defendió como titular durante trece temporadas la camiseta del Real Madrid, ha muerto con setenta y tres años. Joven, diríamos ahora.

Se dice en el toreo que llegar a tomar la alternativa es muy difícil y llegar a figura es un milagro. Jugar trece temporadas en el Real Madrid, aunque el fútbol de los años setenta acá haya cambiado tanto, también lo es. Hacerlo con el reconocimiento unánime de una afición como la del Bernabéu, que ha pitado a Zidane, a Velázquez, a Michel, a Guti…, también lo es, porque ese estadio es al fútbol lo que la plaza de las Ventas del Espíritu Santo es al toreo. Madrid es una ciudad tolerante y acogedora en la que uno no se siente nunca forastero. Póngase a hablar con cualquiera por la calle o en un bar y lo comprobará, a menos que quieras pasarte de listo. Pues bien, esa gente de Madrid, relajada y simpática de los bares, cuando pisa las Ventas o el Bernabéu, se transforma. Se vuelve exquisita, intransigente, mira con lupa como se coloca el torero ante el toro y mide los controles de balón y las carreras de los jugadores propios como si fueran del equipo contrario. En ese campo no se perdona una, y mucho menos a las figuras, Goyo Benito nunca pasó por ese quinario. Recibió broncas del público, pero las recibió prorrateadas con sus compañeros. Nunca Goyo Benito se vio señalado por una afición que no perdona la laxitud.

Y es que Goyo Benito, el central que eligió el mítico Miguel Muñoz para sustituir a Pedro De Felipe y Zunzunegui, no dejó ni un solo día de dejarse la piel y el alma en el césped. No era un fino técnico, pero su rapidez en el corte, su salto, su respuesta eléctrica a los amagues del delantero le hicieron insustituible en el Madrid del final de los yeyés. Un Madrid con el que ganó seis ligas y cinco copas.

Decían que era un defensa duro, pero pagó su precio en forma de lesiones. Llevaba encima cinco operaciones de rodilla, una de tibia y dos de nariz para atestiguar como se jugaba el físico en cada entrada. También la laureada del Real Madrid, que sólo otro jugador puede presumir de ella: José Martínez “Pirri”. En su carrera de más de cuatrocientos partidos oficiales y una veintena en la selección apenas marcó un puñado de goles, pero nos dejó uno inolvidable en noviembre de 1979 en una eliminatoria de copa de Europa contra el Oporto. Puente del Arzobispo está de luto y yo, como jareño de origen, me uno a él. Inolvidable Goyo Benito.

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