19 de octubre de 2017
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Buenos Humos

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PEDRO A. LÓPEZ GAYARRE

Josep Pla o la tragedia del nacionalismo catalán

El pasado domingo, el amigo Javier Ruiz me entrevistaba en su programa “En marcha”, emitido a nivel nacional, sobre el Quadern gris de Josep Pla. Intentaba Javier tender puentes, recordarnos todo lo que tenemos en común y nada mejor para ello que la obra de un escritor que, aunque siempre confesó sentirse un escritor catalán y en catalán, no se entendería sin la producción en castellano ligada a la revista y la editorial Destino de su paisano Josep Verges.

A uno se le hace imposible hablar hoy de cualquier tema relacionado con Cataluña sin pensar en lo que para una inmensa mayoría de catalanistas fue una verdadera tragedia. Ahí hay que  incluir a Josep Pla, un liberal conservador curado por propia experiencia en los años treinta del siglo pasado de las soluciones mágicas ofrecidas a los europeos desde Alemania y Rusia, que vivirá la contradicción en carne propia de ser rescatado por un régimen que detestaba. Salvador Sostres hace unos meses en un artículo personificaba la tragedia de las élites catalanistas en la experiencia vital de su suegro, que fue la misma que la de tantos: “La tragedia de mi suegro, un catalanista de los de antes de la guerra, fue que los suyos le confiscaron sus propiedades al comenzar la guerra para que luego se las devolviera el general Franco.”

Y es que el catalanismo burgués, liberal, conservador, moderado, de los Cambó, los Maciá y los Companys se convirtió en el rehén principal de unas fuerzas revolucionarias que bajo la excusa de la República Catalana buscaban acabar con el sistema que representaba la Constitución del 1931, al igual que ocurre hoy con las CUP y los Podemos en su asalto indisimulado al del setenta y ocho subidos al mismo carro. Un Companys enloquecido y fuera de la realidad, con la guerra desatada y la revolución en marcha, se obstinó en liderar unas fuerzas que ni eran las suyas ni perseguían los mismos objetivos, y pagó por ello.

La tragedia de Josep Pla, periodista reconocido y ligado a los medios de la Lliga Regionalista de Cambó, comenzó como la de tantos españoles de aquellos a los que se ha dado en llamar de la Tercera España, con el comienzo de la revolución desatada en los primeros meses de la Guerra Civil.  Tuvo que escoger entre acabar en una cuneta fusilado por un grupo de anarquistas de Barcelona que fueron a buscarle expresamente a Palafrugell, o salir hacia Francia, donde se incorporó a los servicios de información que Cambó casi desde el primer momento puso a disposición de los rebeldes. La visión de las columnas de humo de las torres de las iglesias del Ampurdanet, elevándose al cielo mientras Pla huía, estarán tan presentes a partir de entonces en su  vida como el choque que supuso vivir la hiperinflación alemana de los años veinte.

Josep Pla, el catalanista, el enemigo de la Dictadura de Primo de Rivera, salvado e incorporado a una España y una Cataluña que pronto comprobará que tampoco era la suya. Una tragedia vital que se cierra en la Transición, cuando el nuevo nacionalismo de Pujol le ningunee y le niegue  su lugar en la historia de la recuperación de la lengua catalana. Su “pecado” original franquista nunca será olvidado.

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