22 de octubre de 2019
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Buenos Humos

Buenos Humos

PEDRO L. GAYARRE

El pintor Antonio López se lo toma con calma

Ya se sabe el dicho popular, tan usado en los mentideros taurinos, de que las prisas sólo son buenas para los chorizos y los malos toreros. El arte del toreo no quiere precipitaciones ni atolondramientos ante la cara del toro. El dicho se quiere extender a veces a cualquier aspecto de la vida y del arte en general. Hay artistas lentos, morosos, cansinos; hay otros que llevan el genio en la rapidez con que conciben la obra. Mi amigo Santiago Ydañez es un ejemplo de intuición y rapidez en la ejecución de la obra una vez que tiene claro lo que quiere hacer y, para muestra, ahí está el vídeo de la elaboración del lienzo gigante de San Juan de la Cruz en la iglesia de la Compañía de Caravaca de la Cruz que formó parte de la exposición “Místicos”.

Antonio López García, “Antoñito”, el pintor de Tomelloso, el sobrino de Antonio López Torres, ese fantasma que deambula como en una película de Dreyer por alguno de sus cuadros de interior de casa manchega, es un artista sin tiempo ni prisas y que cabrea, como cualquier artista moroso, a sus comitentes. En este caso, al Ayuntamiento de Albacete, que en tiempos del alcalde Pérez Castell tuvo la idea de encargarle a Antoñito una de esas obras instaladas a pie de calle destinada al colegueo con los paseantes. Ahora, Unidas Podemos se ha acordado de aquel encargo y ha preguntado cómo va la cosa, no sea que, como tantas veces ha pasado en la historia, Albacete se quede sin el bronce de “Antoñito”, como, por poner un ejemplo a la altura, y que me perdone el amigo Gustavo Adolfo por la irreverencia, Talavera se quedó sin el “greco” que debería haberse añadido al tesoro de cerámica de la Basílica de Nuestra Señora del Prado. Una disputa entre alcaldes y concejales de pueblo y canónigos, con la soberbia a flor de piel, tuvo la culpa.

Que Antoñito es lento hasta la desesperación lo saben bien en la Casa Real, que ha estado esperando el cuadro de familia que nunca llegaba, porque entre achaques de los cambios de luz, que le crecían los hijos y le menguaban los padres, no había manera de rematarlo. Con el “hombre andando” le debe ocurrir lo mismo y ni el adelanto de los ciento y pico mil pavos ni la moción de Unidas Podemos va a conseguir meterle prisa. Si la reina Sofía (que es la que llevaba la rama del arte cuando Juan Carlos) no pudo con él, mucho menos va a poder un concejal de Albacete por muy de Podemos que sea.

Si quiere saber cómo se las gasta Antoñito, que vea “El sol del membrillo” y aprenda que este pinta, esculpe y modela a la velocidad que Víctor Erice filma: viendo crecer las plantas. Me temo que al “hombre andando”o “que camina” de Antoñito le quedan unos lustros todavía para que algún noctambulo se le suba a la chepa como al pobre Bahamontes.

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