15 de septiembre de 2019
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Buenos Humos

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Pedro L. GAYARRE

Colección Carranza. Se acabó el altruismo

Era lo normal, porque los mecenas al estilo de Françes Cambó con la donación de su colección de pintura desinteresadamente al Museo del Prado son una especie a extinguir. Es verdad que aún nos sorprenden algunos verdaderos altruistas, como la profesora toledana Carmen Sánchez García que en el 2017 dejó a la pinacoteca madrileña toda su herencia, entre otros bienes una casa en Toledo para la adquisición de obras de arte. Lo normal es que los grandes coleccionistas sigan el ejemplo de Carmen Thyssen con su museo de Madrid y conviertan su generosidad en una operación financiera que se estudia en las facultades de Economía. Y vaya por delante que como legítimos propietarios tienen todo el derecho a hacer con sus bienes legítimos lo que les apetezca y venderlos como les salga y el mercado les permita. Otra cosa es que luego quieran vendernos la moto del mecenazgo, el altruismo y el desprendimiento. A Tita Cervera y su magnífica colección, instalada en el centro de Madrid, “en diálogo”, como dicen algunos, con el Museo del Prado y el Reina Sofía, la hemos puesto todos con el dinero de nuestros impuestos en su casa. Ya digo, que hace bien y que tiene razón al decir que tenía  mejores ofertas, pero ella es muy patriota y su colección tenía que estar en España; algo que le suena a uno como  el discurso repetido de esos futbolistas que declaran cada vez que cambian de equipo que ese era su sueño de toda la vida. La colección de Tita Cervera de Madrid, instalada en el Palacio de Buenavista no sería la misma en la villa familiar en Lugano, entre otras muchas cosas porque su mantenimiento, con todo lo que conlleva esa palabra en una colección de arte, puede arruinar al más pintado.

Y viene todo esto, a cuento del aviso del legítimo propietario de la colección de cerámica Carranza, cedida, que no donada, al Museo de Santa Cruz de Toledo, por veinte años, a contar desde el 2001, de su intención de ponerla a la venta. Una venta, en la que, como es lógico también se le da la oportunidad, al Estado, a la Junta de Comunidades… en definitiva a todos nosotros, de entrar en la puja.

Y es que desde que en el año 1994, la Diputación de Toledo, el Ayuntamiento de Talavera, la Caja Castilla-La Mancha y Cerámicas Paz y Cia, patrocinaran una primera exposición  en Talavera, acompañada de la edición de un espléndido catálogo, las instituciones públicas, con la Junta de Comunidades a la cabeza no han dejado de promocionar una  colección particular con el dinero de todos. Hoy la colección Carranza ha multiplicado su valor y paradójicamente el posible comprador es el que ha encarecido su precio.

Proteger, promocionar, restaurar, custodiar, limpiar, conservar, estudiar, catalogar… durante veinte años. Eso sí que es altruismo y mecenazgo auténtico.

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