Buenos Humos

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Pedro L. Gayarre

Los vecinos pueden con los okupas en Bargas

Es una buena noticia: la presión vecinal ha conseguido desalojar a una banda de okupas en la urbanización Valdelagua de Bargas. La historia, como casi siempre. Una casa, un piso, un chalet en este caso, propiedad de un banco al que una banda organizada ha echado el ojo, porque saben que normalmente el banco propietario tardará en reaccionar y cuando llegue la denuncia al juez y dicte una orden de desalojo habrá pasado tiempo. Incluso, con un poco de suerte, pueden dar con uno de esos jueces al que vendan lo del derecho constitucional a la vivienda y todo ese bla, bla, bla que ha servido, en algunos casos, para pasar por delante del derecho de propiedad. Pero ya se sabe que, cuando el dueño es un banco, el derecho a la propiedad, según la demagogia al uso, es relativo, aunque tampoco falte quien lo niegue a un particular, y ahí están las doctrinas podemitas expuestas en el corpus teórico de las tertulias de La Tuerca de antes del chalet de Galapagar para demostrarlo.

El chalet de Valdelagua tenía todas las papeletas para ser carne de okupas durante meses e incluso años. Si no se ha cumplido lo que parecía inevitable, ha sido simplemente por la reacción de unos vecinos que veían venir el cúmulo de problemas que la okupación trae consigo. Y es que, a la okupación de espacios públicos, supuestamente para convertirlos en espacios culturales que inexorablemente acababan en una mayor degradación en su estado original, siguieron, ante la carencia de leyes operativas y la actitud de muchos jueces defendiendo supuestos derechos, la patada en la puerta de pisos de personas que estaban ingresados en un hospital o simplemente se habían ido de vacaciones. Casi siempre, en estos casos, la justicia, con más o menos diligencia, acabó por decretar el desalojo y la restitución de los derechos del propietario.

Después de eso vinieron las bandas organizadas que incluso ejercían a la manera de inmobiliarias, realquilando pisos enteros o habitaciones a gente en precario. Ese tráfico de piso okupados es una realidad que a su vez ha provocado la aparición de agencias que se dedican al desalojo por las buenas o por las malas pagadas por los propietarios y las compañías de seguridad basan buena parte de su facturación en el miedo a ser okupado.

Por lo que se ha visto, lo de Valdelagua era un grupo que pretendían tener su base para el ejercicio de otras actividades, no precisamente muy claras. Los vecinos se han cuadrado ante la amenaza de degradación de su barrio, han presionado y han vencido. Eso es una buena noticia y un ejemplo para todos.

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