Buenos Humos

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Pedro L. Gayarre

El presupuesto de Page o una coalición acabada

El presidente García-Page ha sorprendido a casi todos con el aplazamiento de la aprobación de los presupuestos regionales para 2019 para junio. Dice Page que a la semana siguiente de celebrarse las elecciones estará en disposición de aprobarlos porque los tiene completamente rematados. Las razones oficiales son la dependencia de los presupuestos generales del Estado, pero hace apenas una semana, él mismo nos daba una pista sobre lo que ocurre en realidad, cuando proponía un gran pacto entre los grandes partidos para evitar que las minorías tuvieran en su mano la llave de su aprobación. Simplemente García-Page no quiere negociar un presupuesto con el Podemos de García Molina, entre otras cosas, porque ni el mismo jefe regional de la formación morada le puede garantizar los dos votos que necesita para su aprobación. Ya se sabe que el diputado David Llorente tendría una oportunidad que no desaprovecharía para dejar en evidencia a su jefe de filas con el que ha mantenido un apenas disimulado enfrentamiento a lo largo de toda la legislatura. Emiliano elude un problema y a la vez se sacude de hecho la dependencia de su aliado. Ya no necesita a Podemos y el próximo presupuesto será exclusivamente suyo según las cuentas de la mayoría absoluta que se hace. Desde luego no el de Podemos.

Pero es que además, con la renuncia a aprobar los presupuestos, que en realidad es una negativa a aparecer como el aliado dependiente que ha sido durante cuatro años de los podemitas, deja en evidencia al propio García Molina y los consejeros integrados en su gobierno, pues si algo justificó  en su momento su entrada en el ejecutivo de Page era precisamente la aprobación de un presupuesto de gobierno común. Así que Emiliano, como era previsible antes de las elecciones, marca terreno y deja a sus queridos aliados sin ningún otro argumento para permanecer en el gobierno que no sea el gusto que le han cogido al poder y el coche oficial. Eso sí,  David Llorente, cargado de todas las buenas razones que ha sostenido desde que llegó al escaño de los Gilitos, volverá a clamar en el desierto, mientras sus queridos compañeros se agarran con todas su fuerzas a sus consejerías del alma.

Porque aquí de nuevo García-Page ha demostrado que se maneja en el juego político como nadie, y también porque si alguien se ha dejado algún pelo en la gatera en este gobierno ha sido su aliado con buena parte de su electorado que, como David Llorente, nunca comprendió la necesidad de participar en un gobierno en el que lo único que tenían que ganar eran unos cuantos sueldos. Ya veremos si Molina y sus consejeras son capaces de reaccionar a la bofetada de García Page.

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