18 de noviembre de 2019
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Buenos Humos

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PEDRO L. GAYARRE

La Junta anuncia "la fin del mundo"

La Consejería de Desarrollo Sostenible de la Junta de Comunidades de CLM ha declarado el comienzo de “la fin del mundo”, que es algo que, de los milenaristas acá, se viene anunciando cada cien años sin que la verdad incontrovertible cuaje en un apocalipsis que merezca la pena. José Luis Escudero, el consejero del ramo, ha declarado la Emergencia Climática en la región y a uno le suena la música de fondo como cuando, allá por el sesenta y ocho, se declaraban estados de excepción. Ya sé que tomarse estas verdades de la ciencia a la ligera lleva el peligro de acabar chamuscado, dorado y estofado, por la verdad ineluctable e incontrovertible de ese calentamiento global que ha venido a sustituir en el imaginario popular a las calderas de Pedro Botero, pero siempre ha habido quien, ante las verdades incontrovertibles e indiscutibles de la ciencia, la ideología o la religión, ha optado por un sano escepticismo.

En la cumbre de las Naciones Unidas para el Cambio Climático, una chica de dieciséis años ha dicho a los dirigentes de medio mundo que le han robado sus sueños y su infancia, y uno ha pensado si a esta chica la han tenido secuestrada en alguno de los agujeros del Pingüino de Batman en Gothan o si ha vivido toda su vida en aquel Los Ángeles de lluvia perpetua que inventara Ridley Scott para su Blade Runner. No hay salida, según la acreditada científica del cambio climático, la doctora Greta Thunberg: “Extinción masiva”.

Que el clima de la Tierra lleva cambiando desde su propia formación, y que seguirá cambiando, nadie lo puede negar. Otra cosa son las causas que producen ese cambio, y otra cosa bien diferente es aceptar que el elemento humano sea el factor fundamental. Como dice Geoffrey Parker en el prólogo de su libro 'El siglo maldito. Clima, guerras y catástrofes en el siglo XVII': "Los cambios climáticos que se produjeron hace 12.000 años con un episodio de enfriamiento global que hizo que se extinguieran especies como los mamut, la sequía generalizada que acabó hace 4.000 años con las sociedades del sur y del oeste de Asia, la sequía que entre el 900 y el 750 a.C., localizada a a ambos lados del Pacífico y que debilitó el Imperio Tang en China y la cultura maya en Centroamérica, las oscilaciones climáticas del siglo XIV en Europa, y sobre todo el episodio producido a mediados del siglo XVII en el que la tierra sufrió las temperaturas más frías registradas en más de un milenio y puede que muriera un tercio de la población…". Todos esos episodios de cambios en el clima de la Tierra no pueden ser achacados a una especie humana que estaba en Europa a dos siglos de tener el potencial destructivo que se achaca a la Revolución Industrial.

Uno piensa que el factor humano es uno más a añadir a fuerzas y dinámicas que van más allá de la propia Tierra y que, ante la fuerza de estas, como se demuestra en los episodios históricos citados, el poder de influencia de la especie humana es muy limitado. Pero bueno es que el consejero impulse la agricultura ecológica, la ganadería extensiva, la utilización sostenible del agua, la corrección de la pérdida de la biodiversidad y... pare usted de contar. Medidas lógicas en la explotación lógica de unos recursos limitados. Pero, por favor, para ello no es necesario que, como la niña repipi y repelente, nos eche unas lagrimitas ni nos anuncie “la fin del mundo”. ¡El milenarismo! ¡El mineralismo de la curda de Fernando Arrabal!

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