Buenos Humos

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Pedro A. López Gayarre

Grandes bolas de fuego en La Mancha por la gracia de Dios

En el observatorio del complejo astronómico La Hita, a caballo entre La Puebla de Almoradiel y La Villa de don Fadrique, la madrugada del pasado sábado avistaron una gran bola de fuego en el cielo. Nada de particular, porque es algo que hacen habitualmente en aquel lugar. Forma parte de su labor de investigación dentro del programa SMART, en colaboración con el Instituto de Astrofísica de Andalucía, y no hay mes en el que no caiga algún bólido, algún planeta enano perdido o algún meteorito en sus redes. Desde 2007 en que se constituyó la Fundación AstroHita, por impulso de Faustino Organero, el complejo dedicado a la investigación, la educación, la divulgación y el desarrollo de instrumentos, no ha dejado de dar cuenta de numerosos avistamientos y observaciones. Nada nuevo, ya digo.

Pero ahora no estamos en un tiempo cualquiera y el paso de un meteorito, convertido en una bola de fuego, se agrega inevitablemente en la imaginación de muchos, a los tiempos de pandemia, nevadas históricas y signos del milenarismo apocalíptico y no caducado que algunos auguraron hace veinte años. Para hoy mismo se anuncian lluvias y los chistes de riadas y malos augurios gafes, multiplicados a velocidad de virus en las redes, son inevitables.

A uno se le antoja que el verdadero misterio milenarista, que diría Fernando Arrabal, es que en plena Mancha exista una institución de este tipo y nada menos que dedicada al campo de la astrofísica. Algo que uno, desde su escepticismo, ve tan poco al alcance de nuestra ciencia e investigación de andar por casa, quizás por aquello de la imagen y el modelo de la millonaria NASA y sus programas.

Luego, con eso de la gran bola de fuego, uno recuerda la película de finales de los ochenta dirigida por Jim McBride y protagonizada por Denis Quaid, sobre el músico de rock and roll Jerry Lee Lewis y comprueba al leer la traducción de la letra de la canción que da título a la película, que tiene muy poco que ver con lo que promete en realidad: “Tu sacudes mis nervios y agitas mi cerebro./ Demasiado amor vuelve a un hombre loco./ Tu rompiste mi  voluntad, pero qué emoción / ¡grandes bolas de fuego por la gracia de Dios!..." y así seguido…

Pero en fin, uno intenta tomarse todos estos malos presagios con humor, mira a los aleros de los tejados, que no al cielo, por aquello de los carámbanos, y se consuela con la reacción de Jerry Lee Lewis cuando su mundo se hundía: “Si me voy al infierno me iré tocando al piano”. Habrá que apuntarse a la escuela de música y empezar a practicar.

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