Buenos Humos

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Pedro L. Gayarre

Pedir peras y ministriles a Amancio Ortega

Don Christian P. de Villiers, un reputado músico, especialista en música del Renacimiento del Conservatorio de Zaragoza, le ha pedido al Ayuntamiento de Toledo que recupere los ministriles, aquellos músicos profesionales que acompañaban las funciones religiosas, políticas y profanas en los actos institucionales o festivos de la ciudad. Toledo tendría así, con este conjunto musical histórico construido a partir de los estudiantes del Conservatorio de la ciudad, otro valor añadido más a su oferta cultural. Una buena idea por un precio módico: treinta mil euros con los que se pagaría al director, los gastos de funcionamiento y se comprarían chirimías, bombardas, sacabuches, bajones, flautas de pico, vihuelas, laúdes, guitarras y otras gaitas con las que recrear la música que se llevaba en aquellas funciones solemnes y festivas del Cabildo catedralicio y el regimiento ciudadano. Aunque me temo que la cosa viene en mal momento, que no están las cosas para gaitas, murgas y músicas históricas y el bueno de de don Christian P. de Villiers tendrá que esperar, como tantos otros, a que los vientos de la tormenta que tenemos encima amainen. Ahora, con los tiempos que corren, pedir chirimías, sacabuches y ministriles que las toquen, a la alcaldesa Tolón, le suena a uno a pedir peras al olmo.

Y lo mismo que le suena a uno la documentada y argumentada petición del musicólogo americano, pasado por Zaragoza, de pedir ministriles, bombardas, bajones o vihuelas de arco a doña Milagros, le suena carta dirigida a don Amancio Ortega de doña Tita García Élez, alcaldesa de Talavera, para que mantenga la tienda de la marca estrella de Industria de Diseño Textil (INDITEX) en la emblemática calle de San Francisco de la ciudad de Talavera. El golpe sería tremendo, dice doña Tita. Nada será igual en esa calle, después de Zara, decimos todos.

Y es que hace veinte años la recién remodelada calle de San Francisco, en algún momento histórico de Toledo de las Ollas y de la Zapatería, pareció vivir un renacimiento en el que el alcalde Florentino Carriches y la empresa de Amancio Ortega tuvieron mucho que ver. La idea de aquella corporación era revitalizar la actividad económica tradicional de la ciudad convirtiendo el eje Trinidad-Prado-San Francisco en un centro comercial sin necesidad de construirlo de nueva planta y en la periferia. Inditex tuvo mucho que ver en el impulso porque por esa calle han pasado, además de Zara, Pull and Bear, Mássimo Dutti, Bershka y alguna más del grupo, ocupando no solo establecimientos históricos sino también alguna casa familiar del mismo rango.

Ahora, don  Pablo Isla, el director ejecutivo de Inditex, ha decidido que una de las trescientas tiendas que desaparecerán en el mundo pertenecientes a la empresa será la de Talavera y la alcaldesa doña Tita pide lo imposible. Don Amancio y don Pablo pueden permitirse donar equipos de alta tecnología para los hospitales, algo que uno siempre ha reconocido y agradecido, pero otra  cosa es perder dinero con la empresa. Están en su derecho de no seguir haciéndolo. Tita también de pedir chirimías, bombardas y gaitas sostenidas con el dinero ajeno.

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