Capilla Sixtina

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JESÚS FUENTES

Europa en peligro

Nada, que me vine arriba. Miré a los asistentes, recorrí la sala en busca de un rostro de referencia, un niño  quería alejarse de su madre, que alargaba la mano para que no se escapara. Cogí aire,  grité: ¡¡¡Europa está en peligro!!!  Se produjo un silencio denso, los asistentes miraron sorprendidos, el niño, asustado, se escondió en los brazos de la madre. El grito, creo ahora, debió de ser como el de Munch. Ese grito que parece salir y no salir del cuadro. Un silencio ensordecedor se extendió por el salón de actos. Lo dicho, me vine arriba. La gente casi ni respiraba.  Europa, continúe diciendo, está en peligro, porque algunos de los partidos que se presentarán lo hacen para destruir desde dentro – nacionalismo autoritario,  populismos de diversos pelajes - la propia idea de Europa. Se juntan para destruirlo, pero no quieren un proyecto positivo construido entre todos. Anuncian que quieren dinamitar la Europa de los mercaderes, pero también la de la socialdemocracia, la de las libertades, la que acabó con las fronteras, la que ha conseguido los mayores niveles de seguridad y bienestar de los últimos tiempos. Buscan volver a la Europa fragmentada. Conocimos experiencias anteriores de Naciones en crisis continuadas, de particiones de Naciones, de conflictos entre territorios, de aniquilación de los vecinos, de destrucción de sus edificios, de sus iglesias, de sus mezquitas, de sus sinagogas. Todo lo que creíamos superado reaparece como un fantasma insepulto, como una maldición postmoderna, que solo se disolverá cuando los europeos se reafirmen en la unidad de Europa. Cuando el himno  de Beethoven sea el himno común de todos sus miembros.

Me vine arriba porque es preocupante que los intereses locales difuminen los intereses europeos. Hubo un tiempo en el que en España creíamos que podríamos saltar  los Pirineos. Soñábamos con no ser una Península  aparte. Lo conseguimos, no sin una travesía penosa.  Descubrimos que era preferible tener futuro, siendo miembros del club de Europa, que permanecer, estáticos, en un pasado aislado. Al pertenecer  a ese club, la vida cambió. Dejamos siglos de atrasos atrás.  Pero, a pesar de ser una historia de éxito, Europa resulta aún lejana, demasiado abstracta, absurdamente imprecisa. Y sin embargo, vamos a ser una parte, tanto en los pueblos pequeños como en las ciudades más pobladas, de esos millones de personas que van a votar a favor de un proyecto de unidad como fórmula para competir  con rivales tan poderosos como Estados Unidos, Rusia, o China. En una economía globalizada, hipercompetitiva, solos, ¿qué haríamos?

Tras las próximas elecciones Europeas, Regionales y Locales, en España habremos completado un giro electoral que apunta más hacia el progreso que hacia el pasado. Los españoles han votado, hace  menos de un mes, por un proyecto evolutivo en un mundo polarizado. Ahora España puede ser un modelo para otras naciones de la Europa en crisis. Algunos de sus miembros, incluso fundadores, no encuentran  el espacio por el que hemos apostado los españoles en las últimas elecciones generales. Los ciudadanos han elegido, implícitamente, más progreso y más Europa, porque ambos términos son indisolubles. Los votos a favor de la Unión Europea nos harán más fuertes. Desempeñaremos un papel relevante en las instituciones que se formen, tras las elecciones del domingo. No deberíamos perder la oportunidad, ya perdimos muchas en diferentes épocas de nuestra historia.  

Final. El niño, que quería escapar, se ha dormido en brazos de su madre. Los asistentes salen en silencio, tal vez abrumados. O agotados por el esfuerzo de imaginar un futuro que nos sobrepasa a todos. Nada, que me vine arriba.

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