Capilla Sixtina

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Jesús Fuentes

La salud de la democracia

Imaginemos un ciudadano que todos los días escucha un programa informativo en una emisora nacional. Durante el resto del día lee uno o dos diarios en papel: uno, nacional y otro, local. Consulta cinco o seis, en ocasiones más, diarios digitales. Todos lo piden que se suscriba. También ve algún programa informativo en TV. Pensaríamos en un ciudadano al que le preocupa informarse sobre lo que sucede en su país y, a ser posible, en otros. Es probable que pertenezca a la masa anónima del ciudadano medio con tiempo y ganas de estar informado. Pero, ¿y si en lugar de resultar un ciudadano informado fuera en realidad un ciudadano mal informado? La información es imprescindible para la salud de la democracia.

El jueves, 28 de enero, ocurrió un acontecimiento en el Congreso que llegó a todos los informativos: el Gobierno de la nación había sido salvado por el voto a favor de Bildu y la abstención de Vox. Fue un titular que se repitió, con ligeras variantes, en todos los medios. ¿Por qué era la noticia del día y se reproducía el mismo titular en los medios de comunicación? ¿De qué habían salvado al Gobierno? El Gobierno había estado a punto de perder una votación en el Congreso de los Diputados y lo evitó por los votos ya mencionados. El ciudadano imaginario no tarda en encontrar unas declaraciones del portavoz del PP, Sr García Egea, que le pone en antecedentes: “El Gobierno no tenía los apoyos necesarios para aprobar su Real Decreto…..hasta que llegaron Vox y Bildu”. Al día siguiente en los medios escritos los titulares seguían siendo idénticos. El PP marcaba el tema y los titulares. ¿Todos los medios de comunicación y los periodistas son del PP? ¿Para tener espectadores, oyentes o lectores hay que hacer periodismo de trinchera? ¿Qué era más importante para los ciudadanos los asuntos del Real Decreto o la derrota parlamentaria del gobierno? La información facilita las preguntas y ambos son básicos para la salud de la democracia.

Tras buscar afanosamente nuestro ciudadano imaginario consiguió averiguar de qué habían salvado al Gobierno el voto de Bildu y la abstención de Vox. El Gobierno presentaba un Real Decreto sobre la gestión de los fondos de la UE, de los que España recibiría 140.000 millones de euros en los próximos años. Un Real Decreto se puede aprobar tal como lo presenta el gobierno o tramitar como proyecto de ley en el Parlamento. La última opción supone la posibilidad de modificar o corregir en el debate parlamentario el texto del Gobierno. Si no se elegía ninguna de estas opciones, el Gobierno tendría que retirar el Real Decreto, presentar un texto nuevo y retrasar los trámites para acceder a la gestión de tales fondos. Los ciudadanos y las empresas españolas perderían meses en poder conseguir los recursos europeos. Nuestro ciudadano imaginario se plantea si no sería más trascendente la información de este hecho para la economía y sociedad española que la derrota parlamentaria del Gobierno. O las razones de quienes votaron en contra. Nada de esto mereció un solo titular. Solo se reflejó el brochazo gordo de una votación parlamentaria. ¿Cómo se forma la opinión de los ciudadanos? ¿Se les informa  o se les manipula? Con titulares anecdóticos, unánimes y superfluos ¿no quedan los ciudadanos indefensos ante las mentiras, las realidades falsas, las propuestas simplistas o los mensajes conspirativos? ¿No se infantiliza a los ciudadanos? Otras formas de hacer política son posibles. Como es posible otro tipo de información y periodismo. Se trataría, simplemente, de proponérselo. Porque de una política diferente y de una información rigurosa  depende la salud de la democracia.

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