Capilla Sixtina

Capilla Sixtina


Jesús Fuentes

Frustración, inquietud, rehenes

El  23 de febrero, del año 2021, se habrán cumplido cuarenta años del último intento de golpe de Estado del siglo XX en España. Guardias civiles armados y otros militares entraban en el Congreso de los Diputados, interrumpiendo la votación  del Sr. Calvo Sotelo como presidente del gobierno. Los diputados, de derechas y de izquierdas, que desde sus profesiones particulares se habían comprometido con la política para superar los estragos de la guerra civil y las tragedias de la postguerra, contemplaban doloridos cómo se derrumbaba el proyecto democrático entre los gritos de los golpistas. Inevitable no unir los recuerdos de hace cuarenta años con la invasión del Capitolio de los Estados Unidos, el día 6 de enero de 2021. Allí, en los días siguientes, hablaron de miedo. Aquí, compuesto el Congreso en su mayoría por hombres y pocas mujeres y con la diferencia temporal existente, se evitaron las emociones. Pero emociones hubo, y muchas. Frustración fue lo primero que sintieron los Diputados en aquella tarde-noche. El largo sueño de una España, tolerante, de convivencia dialogante y democrática se esfumaba. Más tarde, llegaría la incertidumbre. Por último, según pasaban las horas, inquietud por su condición de rehenes. Tras ser liberados, el sol deslumbraba como recién limpiado de la contaminación de días anteriores, o eso parecía, y los aplausos de la gente, en la cuesta de San Jerónimo, expresaban otra realidad. La democracia había ganado, el golpe solo era una noche para la Historia y las leyendas.

En los relatos que siguieron había que mostrarse enteros, fuertes. La democracia no admitía debilidades. Algunos, sobre todo quienes no estuvieron dentro e ignoran la arquitectura perceptiva y visual del hemiciclo, no entendieron que los diputados se escondieran tras los escaños. Un guardia civil, pistola en mano, había subido a la tribuna de oradores, y debajo, y por detrás de los escaños, se habían colocado otros guardias  armados. Tras el forcejeo con el general Gutiérrez Mellado, sonaron disparos. Instintivamente los diputados se agacharon. En aquellos momentos nadie sabía que habían apuntado al techo. Los cigarrillos se agotaron, incluidos los cartones que habían traído algunos diputados de Canarias. Hace cuarenta años aún se fumaba en el hemiciclo y se encargaban cartones de tabaco a los diputados de aquellas circunscripciones.

A medida que fue pasando el tiempo, los sentimientos iniciales se transformaron en incertidumbre. Durante algunas horas nadie supo si el golpe se había impuesto o fracasado. A una sala, a parte, habían llevado a Adolfo Suarez, Gutiérrez Mellado, Felipe González, Alfonso Guerra, Santiago Carrillo, Rodríguez Sahagún. ¿Secuestro reforzado o trato especial? Con el resto de los diputados  quedaron Fraga Iribarne y Blas Piñar. Nadie dudaba de que a ambos no les pasaría nada, aunque con los golpes militares todo está por ver. Hacia la media noche circuló por los escaños el mensaje del fracaso de la intentona golpista. Las incertidumbres se transformaron en inquietud. ¿Cómo se comportarían aquellas gentes armadas? ¿Hasta dónde estaban dispuestos a llegar? Uno de ellos había comentado que se llevarían por delante lo que hiciera falta. Tal vez fue el farol de quién sabe que puede perder la partida, pero esa era la duda. En alguna parte se negociaba una salida política. Con esa posibilidad especulaban los retenidos. Nadie dentro sabía lo que pasaba fuera. Nadie podía asegurar cómo actuarían aquellos hombres armados, por nervios, por error o para buscar finales imprevistos. Circulaban por los escaños consejos de tranquilidad. No provocar, no enfrentarse con los captores. Sin teléfonos móviles ni redes sociales, los medios de comunicación, más servicio público que nunca, contribuyeron activamente al final del asalto al Congreso de los Diputados. Ocurría hace cuarenta años.

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