Capilla Sixtina

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Jesús Fuentes

Lejos del gallinero local

Cuando el lector lea este texto será martes, 3 de noviembre, día en el que 150 millones de norteamericanos están convocados a elegir entre Biden o Trump. Por eso dejamos de lado, mirando de reojo, el gallinero local para trasladarnos al gallinero que, en estos momentos, son los Estados Unidos. Nadie se atreve a dar un pronóstico, porque contra todas las previsiones, las elecciones del año 2016 las ganó un candidato inimaginable. Es cierto que los norteamericanos no son muy finos para elegir presidentes. La historia de catástrofes más recientes comienza con Nixon y culmina en Trump. Entre medias Reagan a quien, visto lo visto, se le considera un genio, o Bush hijo. No el padre que, también comparado con el presente, resultaría otro genio.

Lo peor del gallinero de Estados Unidos es que no solo se juega en el tablero local, sino que infecta el orden internacional. El resultado afectará, y mucho, a la Unión Europea, como influirá en España, según hemos comprobado en estos años. Trump es un monstruo, en expresión americana, que ha incorporado a su proyecto atrabiliario al Partido Republicano y que ha colocado al Partido Demócrata en el terreno incierto actual. ¿Volverá a ganar el monstruo? En un juicio optimista, deberíamos apostar porque los hombres y las mujeres de Estados Unidos sean conscientes del error que cometieron en el año 2016 y corrijan sus errores. Pero ¿y si no hubiera sido un error? En ese caso solo podríamos rezar para que Dios reparta suerte.

Los europeos no entienden a los norteamericanos, suelen decirnos. Y tal vez tengan razón. Nos movemos por estereotipos. O de película o de propaganda. En pocos casos concuerda su realidad con la que nosotros vivimos. Aunque cada vez nos parezcamos más. Tanto la gente de derechas como de izquierdas en Europa defienden valores de la Ilustración. Aunque la señora Aguirre declarara el fin de la Ilustración, ella se invocaba liberal, defensora del Estado de Derecho y de la economía de mercado, conceptos enraizados en la Ilustración. Más temerosa resulta la Sra. Ayuso que, en su lucha contra la Covid 19, ha invocado la máxima de Trump “ley y orden”. ¿Sabía lo que decía? ¿Lo decía para que la comparen con Trump, que a algunas gentes del gallinero nacional les parece un auténtico líder? Si perdiera las elecciones el Sr. Trump, Ayuso se parecería más a los aparentemente denostados Puigdemont o Torra. Y digo aparentemente, porque si la derecha española necesitara a los nacionalistas catalanes para gobernar ¿no pediría sus votos? Recuerden, el Sr. Aznar tuvo una época en la que hablaba catalán en la intimidad y gobernaba con el voto nacionalista. Es verdad, que aún no había llegado el Sr. Rajoy y su actitud de no hacer nada y la política española no se había adentrado en los terrenos del soberanismo. Pero retomemos el gallinero estadunidense.

Según cuentan quienes conocen el sistema electoral, el de Estados Unidos resulta peculiar. No es como el de Europa, simplificado en mayorías o minorías y en algunos países con segundas vueltas. Allí las cosas son tan distintas que, salvo que las mayorías resulten aplastantes, algunos estudiosos temen que Trump no acepte los resultados. Es decir, se niegue a abandonar el poder. ¿Se imaginan algo así en las llamadas democracias occidentales? Pero incluso si Trump aceptara la derrota, también hay estudiosos preocupados por los efectos irreversibles de los años de Trump. Los dictadores destrozan lo que tocan y los efectos de sus dictaduras permanecen durante mucho tiempo. Miren, si no, en el gallinero local.

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