Capilla Sixtina

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Jesús Fuentes

Venezuela como recurso

Para conocer el funcionamiento de la política se necesitan memoria y tiempo. Memoria, para recordar. Tiempo, para analizar los acontecimientos con perspectiva. Sin ambos la calidad de la democracia disminuye. Nada más comenzar la legislatura actual, Venezuela ocupó la atención del Parlamento y los medios de comunicación de España. Sánchez había sorteado distintas trampas, entre otras, que renunciara a la presidencia del gobierno. Según la matemática electoral, se aplicó en formar un gobierno de coalición, solo posible con Podemos, comunistas, competidores y aliados hipotéticos en la izquierda. Constituido el gobierno entró en funcionamiento la estrategia de “Venezuela como recurso”, puesto en marcha por la Oposición. Como no existían aún motivos para agredir al gobierno, la derecha proponía Venezuela como excusa para debatir de política interna. Ayudó que el errático Trump forzara a la UE a posicionarse contra Maduro y apoyar a un aspirante ruidoso como Guaidó. En España existe una amplia y confusa relación con Venezuela: Aznar, González, Zapatero, Iglesias, Morodo y otros. Aquí, los venezolanos se sienten como en casa. El recurso a Venezuela ¿fue un pretexto de la oposición para no perder protagonismo o algo más elaborado?

Criticar a un gobierno nuevo resulta complicado. Se optó así por crear un fantasma al que alancear. Venezuela vive inmersa en una ingente tragedia, pero nada de eso importa tanto en España como crear una imagen del Mal, visible y vendible. Venezuela es uno de los países ricos de Latinoamérica, hundidos en la miseria y en descomposición por la acción de dictadores variados, militares golpistas y élites explotadoras. Para revestir de ideología libertadora a su populismo, Chávez recurrió a Bolívar. E impuso un modelo de gobierno que no era comunista, pero por los discursos, se podía confundir. Con estos antecedentes y una crisis permanente en Venezuela, la derecha española se centraría en asustar a los españoles con los desastres que engendra un sistema comunista. Se trataba de identificar a Sánchez con Maduro y de lanzar la especie de que quiere imponer el modelo de Venezuela en España. Todavía en estos días, en un diario nacional, un periodista escribía que Sánchez va a convertir a España en la “Venezuela de Europa”.

En el proceso de identificación de España con Venezuela y ambos con el Mal absoluto estábamos, cuando apareció una pandemia para colaborar con el discurso de la derecha. Ante la letalidad del virus y la ignorancia sobre el mismo, el presidente Sánchez aprobó, previo debate en el Parlamento – no se olvide el detalle – el Estado de Alarma y la centralización de todas las decisiones contra el virus mortífero. Proporcionaba así armas a la oposición para mantener el rumor desestabilizador de que Sánchez lo que pretendía era cambiar el sistema político y establecer un modelo bolivariano y comunista. La derecha desempolvaba sus fantasmas de tiempos de la República y la Guerra Civil para desgastar al gobierno. Sánchez liquidaría la democracia para perpetuarse en el poder. “Dictadura constitucional”, gritó Casado. “Gobierno de narcodictadores” aumentó la descalificación la ultraderecha. Además, iba a imponer mascarillas (bolivarianas, las llamaron) para eliminar la libertad de expresión de los ciudadanos. Así, a pesar del detalle insignificante, de que cada prorroga del Estado de Alarma se tuviera que votar en el Parlamento, se expandió en una parte de la sociedad la idea de un cambio de régimen. Las comparecencias de Sánchez ante la opinión pública, se identificaron con el programa de Maduro “Aló, Presidente”. Las redes ardieron de bulos y mensajes incendiarios. Y en uno de los barrios ricos de Madrid se produjeron manifestaciones libertarias de derechas.

¿Qué concluir ahora que ha finalizado el Estado de Alarma? ¿Qué decir ahora que Trump no descarta dialogar con Maduro?

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