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El día que Page se dejó de hablar con Paco Núñez

Desde hace varios meses no hay comunicación directa entre el presidente de Castilla-la Mancha, Emiliano García-Page, y el presidente del PP-CLM, Paco Núñez. Almenos siete veces ha intentado el líder de la oposición hablar con el jefe del ejecutivo autonómico, y ninguna lo ha conseguido. Ni siquiera cuando ha llamado para interesarse por su salud o por la de algún familiar cercano.

Es un hecho anómalo que seguramente no ocurre actualmente en ninguna otra comunidad ni tampoco, se supone a escala nacional. No es imaginable que Pablo Casado llame a Pedro Sánchez y este no se ponga al teléfono o no le devuelva la llamada. En general cuando se trata de establecer contacto directo es por alguna razón de gran calado. En el caso de Núñez es ya una cuestión política, un empeño en doblegar la voluntad de su adversario y un argumento en manos del PP para decir que el presidente del gobierno regional ni quiere diálogo ni ayuda de la oposición ni nada que se le parezca.

Pocos entienden esta situación fuera de lo común en la que Page ha llegado al punto de bloquear las llamadas de Núñez en un momento tan delicado como el que vive la región, en el que todos los esfuerzos son pocos para que los partidos trabajen al unísono y se garantice a los ciudadanos que se está afrontando la situación de crisis sanitaria y económica con razones y medidas que son algo más que política.

Pero Page tiene sus motivos para estar enfadado con Núñez. Siempre fueron correctos el uno con el otro y llegaron a acuerdos de gran importancia al principio de la legislatura. Sus relaciones eran cordiales dentro de lo que cabe esperar de dos rivales políticos que se atizan duramente en la batalla política del día a día, que suele ser más un juego de cara a la galería que una verdadera indisposición entre los contendientes. En el caso de Page y Núñez todo ha cambiado con la crisis del coronavirus y el estado de alarma.

Desde los primeros momentos del confinamiento se formó un grupo de whatsapp en el que además del presidente figuraban, entre otros, Paco Núñez, Carmen Picazo, Sergio Gutiérrez y el consejero de Sanidad, Jesús Fernández Sanz. Se trataba de tener informados a los líderes de la oposición y a los partidos políticos con representación parlamentaria de todo lo que fuera aconteciendo y de intercambiar ideas y opiniones sobre la forma de afrontarlo.

Todo fue bien durante un tiempo. Hasta que se produjo la crisis de los respiradores de Turquía. Fue tras esos hechos, en los que el PP se mostró muy duro con el Gobierno porque los aparatos sanitarios los tenía retenidos el gobierno turco cuando más se necesitaban en Castilla-La Mancha, cuando las relaciones entre Page y Núñez cambiaron de forma radical.

Page ha pasado por momentos muy difíciles y complicados, tanto desde el punto de vista de su actividad como presidente de la Comunidad como desde el plano personal. Ha tenido que hacer frente a una situación compleja en la que Castilla-La Mancha aparecía como la región del mundo más afectada por contagios y muertes del Covid-19 por número de habitantes. Empezó aquel fatídico día de marzo en el que se ordenó el cierre de los colegios dando una imagen deplorable que le pesará toda la vida, para entrar después en una dinámica de datos de muertes y contagios terroríficos, compras sanitarias de escándalo, personal sanitario sin recursos, hospitales colapsados, residencias de mayores infernales... La situación les superaba, como a todos los gobiernos regionales y al propio ejecutivo nacional. Y Page, según sus allegados, tuvo momentos muy difíciles ante tanta responsabilidad a la que tenía que hacer frente en una trágica situación que era nueva para todos. Y además estaban las críticas de la oposición. 

Acusan a Paco Núñez de no haber sido leal con el Gobierno y de usar información privilegiada para hacer política y desgastar al presidente en el caso de los respiradores. Fue precisamente a partir de ese momento cuando el grupo de whatsapp dejó de tener funcionalidad y Page cortó de forma radical su relación con Núñez. El enfado no se le ha pasado todavía, pero los que conocen a ambos están convencidos de que las cosas pueden cambiar en poco tiempo. Deben cambiar.

 

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