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El trabajo interno de Page en el PSOE de Sánchez, mucho más duro de lo que parece

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El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, ha convulsionado internamente al Partido Socialista con sus declaraciones sobre la ilegalización de los partidos independentistas que se siguen beneficiando de la Constitución "aunque abiertamente sólo quieren socavarla". Sus palabras son el indicio más claro del malestar que existe entre los barones del PSOE y entre otros muchos dirigentes y militantes por la situación que se está viviendo en España en relación con los independentistas y la incomprensible postura del Gobierno de Pedro Sánchez ante lo que está ocurriendo. Todo el mundo ha entendido el mensaje de las elecciones andaluzas, y los barones socialistas como García-Page mucho más.

El tiempo ha venido a dar la razón al presidente castellano-manchego, que siempre apostó por alejar a Pedro Sánchez de la dirección del PSOE. Quizá sabía ya entonces, o al menos lo intuía, que si alguna vez llegaba éste a presidir el Gobierno nacional las consecuencias para el PSOE serían catastróficas. Pero sobre todo para el conjunto de España. Page y los suyos hicieron todo lo posible para derribar a Sánchez de la secretaría general del PSOE (recuérdese a Jesús Fernández Vaquero en aquel convulso Comité Federal del 1 de octubre de 2016), y lo consiguieron. Pero fue una victoria pírrica porque ocho meses después Sánchez ganó las primarias del 39 congreso federal socialista y volvió a liderar el partido presentándose como el candidato de las bases. Y vuelta a empezar, hasta llegar a la moción de censura que acabaría con la presidencia de Mariano Rajoy y la constitución de un nuevo gobierno presidido por Pedro Sánchez gracias al apoyo de Podemos y de partidos nacionalistas, independentistas, proetarras y radicales, una imagen que pesa muy negativamente sobre los intereses electorales del PSOE en la España constitucionalista, como se ha demostrado en Andalucía.

En estas circunstancias Page trata de distanciarse todo lo posible de las políticas del Gobierno, de sus decisiones "suicidas" en relación con Cataluña o de sus mensajes cambiantes y contradictorios en todas las cuestiones que abordan, entre ellas algunas que afectan muy directamente a la sensibilidad de los castellano-manchegos como la del agua, los toros o la caza. De esta forma, la impresión de hace unas semanas de que las elecciones autonómicas de mayo serían un paseo triunfal para Page se ha convertido en un "ya se verá" después de lo de Andalucía y de  la irrupción de un partido conservador radical como VOX, que podría llegar a tener representación en Castilla-La Mancha. Pese a todo, en medios del Gobierno castellano-manchego aseguran que en sus encuestas el PSOE roza la mayoría absoluta.

Page se lo está trabajando, dicen. Y se ve. Pero lo que no trasciende es lo que hace dentro del partido. Según las mismas fuentes, la labor de Page está siendo muchísimo más dura de lo que parece. De esta forma, el presidente castellano-manchego se ha convertido en la voz con más autoridad del grupo de barones socialistas y el mayor referente de los críticos con el Gobierno de Sánchez para los medios de comunicación. No está planteado ni a corto ni a medio plazo, pero si por cualquier circunstancia mañana tuviera que cambiar el PSOE de secretario general, Page tendría que dar el paso definitivamente para asumir esa función. Mientras tanto, solo le queda luchar contra las circunstancias, marcar diferencias con Sánchez y hacer llegar un mensaje propio y personal a los electores. Lo mismo que hizo Susana Díaz.

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