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Los tres grandes retos de Page en la apertura del nuevo curso político en Castilla-La Mancha

Emiliano García-Page Emiliano García-Page

Termina el mes de agosto y el nuevo curso político que viene por delante llega con síntomas preocupantes, tanto en España como en Castilla-La Mancha. La enorme crisis abierta por el coronavirus está provocando una gran incertidumbre en muchos órdenes de la vida de los españoles y, a día de hoy, son más las preguntas que las respuestas y la actitud del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con su "pase de balón" a las comunidades autónomas tras volver de vacaciones, no ayuda a tranquilizar la situación, sino más bien todo lo contrario.

El nuevo curso político llega, por tanto, cargada de inquietud. En este escenario, el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, afronta la nueva temporada que se inicia la próxima semana con importantes retos políticos y de gestión en tres grandes órdenes de la vida de los castellano-manchegos: la sanidad, la educación y la economía. Son las tres cuestiones principales que actualmente están en situación más delicada por la crisis del Covid-19 y sobre las que el Gobierno de Page tendrá que trabajar intensamente, más aún de lo que ya viene haciendo a lo largo de todo el verano.

En el orden sanitario, el reto de Page y su consejero de Sanidad, Jesús Fernández Sanz, es monumental. Por un lado, prevenir los contagios e intentar frenar la expansión de la pandemia y, por otro, ofrecer la mejor asistencia sanitaria y en las mejores condiciones a los que están enfermos o puedan enfermar, circunstancias que no estarán exentas de dificultades mayores. La tragedia nacional ocurrida en España entre los meses de marzo y junio, con brotes que no cesan durante todo el verano, no puede volver a repetirse y, en este sentido, el Ejecutivo castellano-manchega se va a enfrentar a un otoño sanitario muy difícil que puede volver a poner a prueba a la región.

En el orden educativo, la situación es muy completa y requiere importantes soluciones y una gran capacidad de gestión. El Covid-19 está poniendo patas arriba las estructuras construidas durante mucho tiempo y ahora toca afrontar un comienzo del curso con la pandemia sin controlar. La consejera de Educación, Rosana Rodríguez, tiene una prueba de fuego en este mes de septiembre y todas las miradas van a estar puestas sobre ella. Comenzar el curso, y hacerlo con todas las garantías sanitarias, educativas y de seguridad es un reto gigantesco que el Gobierno de Castilla-La Mancha tiene que afrontar con inteligencia y capacidad organizativa. Padres, profesores, alumnos y centros educativos están a la expectativa como nunca antes.

Otro tercer reto fundamental es la situación económica y social que el coronavirus está provocando y que puede dañar sensiblemente el empleo y las condiciones básicas de muchos castellano-manchegos. Distintos consejeros del Ejecutivo regional pero sobre todo las consejeras de Bienestar Social, Aurelia Sánchez, y Economía y Empleo, Patricia Franco, tendrán la responsabilidad de minimizar los daños que esta importante crisis puede acarrear sobre la destrucción de puestos de trabajo y el empobrecimiento de una parte de la población. Conseguir relativizar las consecuencias y ser capaces de mantener las prestaciones y servicios sociales más importantes de los castellano-manchegos son objetivos que van a medir la altura de este Gobierno en un momento tan delicado y difícil como este.

El Ejecutivo de Page afronta una situación decisivo, pero también hay que recordar que el papel de la oposición es relevante y debe estar a la altura de las circunstancias. Unos y otros deben remar en la misma dirección, como también debe hacerlo todo el tejido social de Castilla-La Mancha con capacidad de apoyar todo aquello que pueda suponer una ayuda importante en estos difíciles momentos. Los retos son mayúsculos y son de todos. 

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