23 de octubre de 2019
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La historia toledana de un narco condenado en Estados Unidos y ahora recién llegado a la cárcel de Ocaña

WellABCLunaRevenga

Wellington, en 2013, vestido con un uniforme de preso, cuando cumplía condena en una cárcel de Estados Unidos. Al fondo, la comisaría de Policía de Talavera de la Reina. Foto: Luna Revenga

Lo ha contado este domingo en una interesante información el periodista Manuel Moreno en ABC Toledo. Wellington trabajaba en una empresa de construcción de Talavera de la Reina como medida de seguridad para ocultar su medio de vida. La situación la mantuvo durante meses, hasta que unos policías nacionales lo detuvieron hace tres semanas. Wellington, dominicano de 33 años, está ahora preso en la localidad toledana de Ocaña, acusado de ser el cabecilla de una organización, de las más activas en la zona, que se dedicaba a la distribución de cocaína en la comarca talaverana y en las provincias limítrofes de Cáceres y Ávila.

Pero no es la primera vez que pisa una cárcel. En Estados Unidos, de donde su mujer es originaria, Wellington estuvo interno también por tráfico de drogas. Y es algo que no esconde. En las redes sociales se le puede ver vestido con un uniforme marrón de presidiario durante una visita de su familia, en 2013, al centro penitenciario donde estaba recluido.

En España fue arrestado en Madrid hace un año, en un control rutinario, cuando circulaba en un vehículo «caleteado» (doble fondo) para el transporte de droga. Llevaba medio kilo de cocaína, la misma cantidad que le ha llevado ahora a la prisión de Ocaña. Sin embargo, de la cárcel madrileña en la que ingresó salió después en libertad provisional, tal como relata la información de ABC

Wellington, que se crió entre traficantes de estupefacientes, llevaba una vida aparentemente normal en Talavera, donde trabajaba para una empresa de construcción desde hacía unos cinco meses. Con pareja estadounidense (nacida en Nueva York) y padre de dos hijos menores de edad, tampoco se movía ni vestía de manera ostentosa. Y conducía un coche de gama media, un Opel Astra. En realidad, eran algunas de sus medidas de seguridad para enmascarar su negocio, explica Manuel Moreno.

Según la policía, Wellington era el jefe de una organización y daba instrucciones a Máximo —su lugarteniente y compatriota, ahora también preso en Ocaña — para distribuir cocaína a terceros. Fue el aumento de incautaciones de dosis de cocaína en la zona de ambiente latino en Talavera, en la que se concentran locutorios y bares, lo que encendió una luz roja en la comisaría de Policía a finales de 2018. El grupo de la Udyco (Unidad de Drogas y Crimen Organizado) indagó y averiguó que estos dos dominicanos podrían estar detrás de ese repunte. 

La operación New York

La investigación policial en la llamada operación New York determinó que Wellington, benévolo con sus deudores, era quien daba las instrucciones y mantenía las primeras reuniones con los traficantes que luego trapicheaban. Máximo se encargaba de los contactos posteriores. Para transportar cocaína a pueblos cercanos y a otras provincias, Wellington y Máximo tomaban muchas medidas de seguridad, aunque no iban armados. 

A primeros de marzo, la Udyco decidió acelerar la operación. Los agentes sabían que la organización había recibido mercancía, por lo que, el viernes 8, entraron en el piso donde vivía Máximo, que estaba acompañado de su novia. Los policías, que tenían controlado a Wellington, solo encontraron 60 gramos de cocaína. Pero sabían que había más. Dos destornilladores que Máximo tenía en su dormitorio levantaron las sospechas. Por eso los agentes fueron a otro «piso de seguridad», que revisaron durante horas.

Los investigadores averiguaron para qué eran usados los destornilladores: Wellington y Máximo quitaban los tornillos de un mueble de madera en el que guardaban una balanza, sustancias para cortar la cocaína y el material para embalar la droga. Pero, ¿y la mercancía? Cuando el desánimo cundía entre los agentes, llegó un golpe de suerte. Se fijaron en un agujero, hecho a dos metros del suelo para instalar una caja de registro, y comenzaron a romper la pared, que era de pladur. El testigo, de repente, se puso nervioso. Finalmente, los policías localizaron el medio kilo de cocaína y 20.000 euros envueltos en un plástico y dentro de un calcetín blanco.

Wellington, presionado por la Udyco, estuvo sin salir de su casa todo ese fin de semana. Dos días más tarde, se entregó en la comisaría seguido por los agentes, siempre según la información publicada en ABC.

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