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José Luis Martínez Guijarro, la sombra discreta e imprescindible del presidente

José Luis Martínez Guijarro, vicepresidente primero del Gobierno de Castilla-La Mancha

El vicepresidente primero del Gobierno de Emiliano García-Page es una de las figuras políticas más relevantes del actual panorama político regional, aunque no lo aparente. José Luis Martínez Guijarro se ha convertido en el imprescindible número dos del presidente, en la argamasa que cohesiona el día a día del conjunto de miembros del Ejecutivo, en el hombre a la sombra que mantiene activa la maquinaria de la administración socialista en Castilla-La Mancha sin que se le escape ni un solo detalle. Destaca sobre todo por su discreción, por esa forma de trabajar en política que casi nadie practica porque matan por ser protagonistas y por salir en la foto. Guijarro es más del trabajo en silencio, que suele ser más eficaz, y de la renuncia a medallas y a la presencia constante en los medios de comunicación, que también suele dar más frutos para quienes, como él, tienen controlada la medida de su ambición política.

A Guijarro se le reconocen dos méritos importantes en su carrera política dentro del PSOE castellano-manchego. El primero: Su arrojada disposición para hacerse cargo de la Consejería de Medio Ambiente tras la renuncia de Charo Arévalo achicharrada por el incendio de Guadalajara de 2005. Había que tener mucho valor para asumir una carga como aquella, en el centro de una batalla mediática sin precedentes y con un proceso judicial en marcha que amenazaba a medio gobierno. El segundo: En el peor momento del PSOE en Castilla-La Mancha, cuando Barreda perdió la Presidencia de la Junta derrotado por Cospedal, Guijarro es elegido portavoz del Grupo Parlamentario Socialista en las Cortes y se convierte en el rostro de la oposición al Gobierno del PP, que no era poca tarea. Cumplió con creces a tenor de los resultados, y eso lo tuvo muy en cuenta Page cuando por esa razón, y algunas otras de no menor importancia, le nombró vicepresidente de su Gobierno tras derrotar a Cospedal en las Cortes con el apoyo de Podemos.

Page no solo le daba toda su confianza, sino que además mostraba el aprecio a su trabajo recuperando un cargo, el de vicepresidente, que hacía muchos años que no existía. Y no se equivocó. Sin él, Page no hubiera podido dedicarse más de la mitad de la actual legislatura a hacer política. Mientras Page hacía política Guijarro gobernaba. Siempre, claro está, bajo la inspiración y la batuta del presidente.

Como líder socialista en Cuenca tampoco lo ha hecho mal en su provincia, pese a la indiscutible fortaleza del PP que dirige Benjamín Prieto. Sobre todo no ha tenido contestación y además, visto desde la perspectiva regional, los socialistas conquenses fueron los que apoyaron con más intensidad la candidatura de Page en las últimas primarias para la secretaria general del PSOE-CLM. Como ya hemos dicho, todo lo ha conseguido Guijarro desde la discreción, como la elección del candidato que arrasó en las municipales de Tarancón, o como su forma tranquila de dejar la secretaría provincial una vez cumplido su tiempo de mandato. Dicen sus más allegados que si hay algo que se le puede achacar es precisamente que sea demasiado discreto.

Su pasión es Cuenca y su obligación, también ya pasional, Castilla-La Mancha. Tiene el encargo expreso de dinamizar la economía de su provincia y en ese empeño está movilizando ingentes recursos destinados a grandes exposiciones y planes culturales directamente relacionadas con la actividad turística, base específica en la que se quiere cimentar el futuro económico conquense.

A Guijarro, como al magistral alcalde de Rafael Alonso en “Amanece que no es poco”, los socialistas castellano-manchegos deberían ir ya diciéndole a gritos: “¡¡José Luis, todos somos contingentes, pero tú eres necesario!!”.

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